La misión de la Santísima Virgen es combatir y vencer al Dragón. A este Dragón que ha seducido a la humanidad con la soberbia, Ella lo vencerá con la humildad. Y así, mientras él se ha formado su ejército con los más grandes, Ella se lo ha formado con los más pequeños. Se ha formado su ejército, no con los más fuertes, sino con los más débiles; no con los más ricos, sino con los más pobres; no con los más grandes, sino con los pequeños.
¿Y por qué? Para combatir y vencer al Dragón. ¿Y dónde lo vence? La victoria del Dragón consiste en haber alejado a la humanidad de Dios y en el haber construído los ídolos que todos adoran en el puesto de Dios. Entonces hoy la misión de la Virgen María es ésta: ¡hacer caer estos falsos dioses y destruirlos!
El Papa Benedicto XVI, en la meditación que pronunció el 11 de octubre pasado, durante la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente, afirmó que son tres hoy los falsos ídolos que deben caer:
- Primer ídolo: el dinero; el Papa se refería a los capitales anónimos que hacen esclavo al hombre y lo destruyen.
- Segundo ídolo: la soberbia; que con la difusión de tantas falsas ideologías destruye la verdad.
- Tercer ídolo: la impureza; que con la droga y con la copa de la lujuria seduce a todas las naciones de la tierra.
¡Con la Santísima Virgen estos ídolos deben caer!
La Virgen María tiene esta tarea: destruir estos falsos dioses y llevar a todos sus hijos a amar, a servir y a glorificar al único verdadero Dios: la Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella quiere llevar a todos a adorar y glorificar al Hijo Unigénito de Dios, que se ha encarnado en el seno virginal por obra del Espíritu Santo: Jesucristo, que ha muerto sobre la cruz para nuestra salvación. Jesucristo crucificado que es el único Salvador y el único Redentor. ¡No existen otros! También para esta perversa generación, sólo Cristo crucificado es fuente de salvación.
La Virgen María tiene la tarea de destruir estos falsos dioses: el dinero, las falsas ideologías y la impureza. Y sobre la destrucción de estos falsos ídolos, quiere llevar a todos a la adoración del único verdadero Dios, de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, nuestro Redentor que nos ha indicado el camino de la salvación en la lucha contra el pecado, en el caminar sobre la senda de la observancia de los mandamientos de Dios y del ejercicio de las virtudes cristianas, en el caminar sobre la vía de la santidad, de la luz, de la plena glorificación de Dios.
¡Gracias, oh Virgen María. Haz caer cada vez más estos falsos dioses. Libra a la humanidad de esta esclavitud. Llévala al culto del único verdadero Dios, a fin de que tu Hijo Jesús sea aún hoy por todos amado, servido y glorificado!
Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
viernes, 31 de diciembre de 2010
viernes, 24 de diciembre de 2010
¡CUANTA LUZ!
Es la Noche Santa, Hijos predilectos, disponeos junto a Mí para acoger a mi divino Niño. ¡Hay tanta noche alrededor...! Y no obstante, una luz cada vez más fuerte se enciende dentro de la Gruta. Ahora, parece un trasunto del Cielo, mientras la Madre está absorta en profunda oración.
¡Cuánta Luz desciende del seno del Padre al seno virginal de la Madre, que se abre a su don, a la vida! Y mientras esta Luz divina lo envuelve todo, Yo soy la primera en contemplar su Cuerpo: sus ojos, sus mejillas, sus labios, su rostro, sus brazos, su manos; siento su corazoncito que apenas ha comenzado a latir. Cada latido es un don de amor que ya jamás se extinguirá.
¡Hay tanto hielo en derredor! El rigor del frío y el hielo de todos los que nos han cerrado las puertas. Pero aquí dentrl de la Gruta, hay un dulce y agradable calor. Es el abrigo que nos ofrece este pobre lugar; es el calor de las cosas pequeñas; es la ayuda que nos da un poco de heno, un pesebre que se presta a hacer de cuna... Ningún lugar es tan cálido en estos momentos, como esta heladísima Gruta.
Y la Madre se inclina feliz sobre su Hijo, que el Padre os ha dado; sobre su Flor, que finalmente ha brotado, sobre su Cielo abierto ya para siempre, sobre su Dios, que por tanto tiempo ha sido esperado. Y mis lágrimas se unen a mis besos, mientras contemplo extasiada en el Hijo a mi Dios, que ha nacido de Mí en esta Noche Santa.
¡Hay tanta noche aún en el mundo... Hay tanto hielo que congela los corazones y las almas!... Pero la Luz ha vencido ya a las tinieblas, y el Amor ha derrotado ya para siempre al odio. Hijos míos predilectos, en esta Noche Santa, velad en oración. Estad prontos en mi Corazón Inmaculado. Está ya cercano su glorioso retorno. Y una nueva Luz y un gran Fuego renovarán este mundo.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
¡Cuánta Luz desciende del seno del Padre al seno virginal de la Madre, que se abre a su don, a la vida! Y mientras esta Luz divina lo envuelve todo, Yo soy la primera en contemplar su Cuerpo: sus ojos, sus mejillas, sus labios, su rostro, sus brazos, su manos; siento su corazoncito que apenas ha comenzado a latir. Cada latido es un don de amor que ya jamás se extinguirá.
¡Hay tanto hielo en derredor! El rigor del frío y el hielo de todos los que nos han cerrado las puertas. Pero aquí dentrl de la Gruta, hay un dulce y agradable calor. Es el abrigo que nos ofrece este pobre lugar; es el calor de las cosas pequeñas; es la ayuda que nos da un poco de heno, un pesebre que se presta a hacer de cuna... Ningún lugar es tan cálido en estos momentos, como esta heladísima Gruta.
Y la Madre se inclina feliz sobre su Hijo, que el Padre os ha dado; sobre su Flor, que finalmente ha brotado, sobre su Cielo abierto ya para siempre, sobre su Dios, que por tanto tiempo ha sido esperado. Y mis lágrimas se unen a mis besos, mientras contemplo extasiada en el Hijo a mi Dios, que ha nacido de Mí en esta Noche Santa.
¡Hay tanta noche aún en el mundo... Hay tanto hielo que congela los corazones y las almas!... Pero la Luz ha vencido ya a las tinieblas, y el Amor ha derrotado ya para siempre al odio. Hijos míos predilectos, en esta Noche Santa, velad en oración. Estad prontos en mi Corazón Inmaculado. Está ya cercano su glorioso retorno. Y una nueva Luz y un gran Fuego renovarán este mundo.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
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