"Desde ahora me felicitarán todas las generaciones" (Lc 1,48).
Tras 2000 años, la profecía de María no ha dejado de realizarse en todas las generaciones. Sin embargo, con Orlando Gibbons, a mediados del siglo XVIII nos sumergimos en el corazón de los vivos debates de la Iglesia anglicana a propósito del culto dado a la Virgen María. ¿Se debe conservar la rica tradición católica o adoptar el minimalismo protestante? ¿Puede una criatura ser beneficiaria del honor de los altares sin perjuicio para la gloria del Creador? ¿Se otorga a la Madre de Dios un honor debido solo a Dios?
Escuchemos la respuesta de Isabel a estas preguntas. Ella no dice: "¿De dónde me viene esta felicidad de que mi Señor viene hasta mí?" sino "¿cómo es que viene a mí la Madre de mi Señor?" (Lc 1,43). Si Isabel considera que la aportación de María a la acción de la gracia merece ser honrada y que honrarla es honrar a la gracia que por ella se nos da, ¿quiénes somos nosotros para discutir esta prerrogativa? Y además ¿se imagina uno a María profetizando que todas las generaciones le rendirán homenaje si con este homenaje se corriera el riesgo, en alguna manera, de que Cristo fuera arrinconado? La devoción a María, en tanto que nos conduce a su hijo, es correcta. Sin embargo, el Magníficat no es un cántico a la gloria de María; es el cántico de acción de gracias de los salvados, con María a la cabeza, en homenaje a su Salvador.
Si conviene que todas las generaciones digan que María es bienaventurada, no es sólo porque ella es la madre biológica del Señor. Isabel exclama: "Bienaventurada la que ha creído que se cumpliría lo que se le ha dicho de parte del Señor" (Lc 1,45). Lo que hace a María bienaventurada es, ante todo, su fe. Y Jesús, cuando una admiradora le grita: "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron", responde: "Dichosos, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 11,27-28).
El Señor lanza sobre María una mirada de elección debido a su humilde fidelidad a la palabra de Dios. Ahí está toda la enseñanza evangélica que san Pablo resumirá en una frase: para ser bienaventurados nos basta que "la fe actúe por la caridad". Evidentemente, María es para siempre esa "bendita entre todas las mujeres" (Lc 1,42) porque es, por así decirlo, la única cristiana de nacimiento. Pero todos los hombres y todas las mujeres que creen en Jesucristo y que aman a los demás como Él nos ha amado, también ellos, por siempre, serán llamados dichosos.
Oremos para que la multitud sea llamada bienaventurada, como María y con María. Así triunfará el designio benévolo para cuya realización María de Nazaret ha sido "bendita entre todas las mujeres".
Fuente: Magníficat (mayo 2011)
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jueves, 5 de mayo de 2011
sábado, 1 de enero de 2011
LA CAIDA DE LOS FALSOS DIOSES (II)
El Dragón ha construido también dos falsos ídolos en la Iglesia para destruirla:
- El primer ídolo, formado por el racionalismo y por el relativismo, intenta destruir la fe en la Iglesia.
En la segunda carta de San Pedro está escrito: "Surgirán entre vosotros falsos maestros que enseñarán herejías desastrosas y se opondrán contra el verdadero Dios que nos ha salvado. Muchos les seguirán y vivirán como ellos una vida inmoral. Por su causa la fe cristiana será despreciada" (2 Pe 2,1-2). He aquí por qué la pérdida de la fe se difunde hoy en la Iglesia a causa de estos falsos maestros, que enseñan pero enseñan mal. Enseñan mal porque difunden los errores, por tanto son maestros pero maestros falsos.
¿Cómo podemos discernir los buenos de los malos? Si los maestros difunden las verdades de la fe católica, son humildes, obedientes al Magisterio, entonces son buenos. Pero si son soberbios, difunden los errores, no obedecen al Magisterio, entonces son falsos. Y nosotros hoy debemos saber discernir. La Virgen nos quiere niños inteligentes, no estúpidos. Debemos saber discernir: seguir a los buenos para permanecer en la fe, no escuchar a los malos para no caer en el error y perder la fe.
- El segundo ídolo, la división causada por la contestación al Papa.
Aquí en Fátima, Jacinta tuvo una visión: vió al Santo Padre de rodillas que lloraba, mientras desde fuera lanzaban piedras contra él. ¿Qué son estas piedras sino las críticas, las contestaciones, las oposiciones hechas hoy al Papa en el interior de la Iglesia?
¡Mis hermanos sacerdotes, estad cada vez más unidos a los obispos y al Papa! ¡Mis queridísimos fieles, estad siempre cada vez más unidos a vuestros sacerdotes, no les abandonéis, ayudadles y permaneced cada vez más unidos a los obispos y al Papa! Entonces la unidad de la Iglesia volverá a florecer: renovada, santificada, iluminada por tu Corazón Inmaculado, oh Madre de la Iglesia.
Oh Virgen de Fátima, te contemplamos, Mujer vestida del Sol, para mirar contigo al Cielo y así comprender que el gran día del Señor está cercano, que debemos prepararnos al retorno de Jesús en la Gloria, el Sol radiante de Justicia que hará nuevos cielos y nueva tierra. ¡Y de estos tiempos nuevos, tú, Fátima, eres el anticipo!
¡Alabado sea Jesucristo!
Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
- El primer ídolo, formado por el racionalismo y por el relativismo, intenta destruir la fe en la Iglesia.
En la segunda carta de San Pedro está escrito: "Surgirán entre vosotros falsos maestros que enseñarán herejías desastrosas y se opondrán contra el verdadero Dios que nos ha salvado. Muchos les seguirán y vivirán como ellos una vida inmoral. Por su causa la fe cristiana será despreciada" (2 Pe 2,1-2). He aquí por qué la pérdida de la fe se difunde hoy en la Iglesia a causa de estos falsos maestros, que enseñan pero enseñan mal. Enseñan mal porque difunden los errores, por tanto son maestros pero maestros falsos.
¿Cómo podemos discernir los buenos de los malos? Si los maestros difunden las verdades de la fe católica, son humildes, obedientes al Magisterio, entonces son buenos. Pero si son soberbios, difunden los errores, no obedecen al Magisterio, entonces son falsos. Y nosotros hoy debemos saber discernir. La Virgen nos quiere niños inteligentes, no estúpidos. Debemos saber discernir: seguir a los buenos para permanecer en la fe, no escuchar a los malos para no caer en el error y perder la fe.
- El segundo ídolo, la división causada por la contestación al Papa.
Aquí en Fátima, Jacinta tuvo una visión: vió al Santo Padre de rodillas que lloraba, mientras desde fuera lanzaban piedras contra él. ¿Qué son estas piedras sino las críticas, las contestaciones, las oposiciones hechas hoy al Papa en el interior de la Iglesia?
¡Mis hermanos sacerdotes, estad cada vez más unidos a los obispos y al Papa! ¡Mis queridísimos fieles, estad siempre cada vez más unidos a vuestros sacerdotes, no les abandonéis, ayudadles y permaneced cada vez más unidos a los obispos y al Papa! Entonces la unidad de la Iglesia volverá a florecer: renovada, santificada, iluminada por tu Corazón Inmaculado, oh Madre de la Iglesia.
Oh Virgen de Fátima, te contemplamos, Mujer vestida del Sol, para mirar contigo al Cielo y así comprender que el gran día del Señor está cercano, que debemos prepararnos al retorno de Jesús en la Gloria, el Sol radiante de Justicia que hará nuevos cielos y nueva tierra. ¡Y de estos tiempos nuevos, tú, Fátima, eres el anticipo!
¡Alabado sea Jesucristo!
Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
viernes, 31 de diciembre de 2010
LA CAIDA DE LOS FALSOS DIOSES
La misión de la Santísima Virgen es combatir y vencer al Dragón. A este Dragón que ha seducido a la humanidad con la soberbia, Ella lo vencerá con la humildad. Y así, mientras él se ha formado su ejército con los más grandes, Ella se lo ha formado con los más pequeños. Se ha formado su ejército, no con los más fuertes, sino con los más débiles; no con los más ricos, sino con los más pobres; no con los más grandes, sino con los pequeños.
¿Y por qué? Para combatir y vencer al Dragón. ¿Y dónde lo vence? La victoria del Dragón consiste en haber alejado a la humanidad de Dios y en el haber construído los ídolos que todos adoran en el puesto de Dios. Entonces hoy la misión de la Virgen María es ésta: ¡hacer caer estos falsos dioses y destruirlos!
El Papa Benedicto XVI, en la meditación que pronunció el 11 de octubre pasado, durante la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente, afirmó que son tres hoy los falsos ídolos que deben caer:
- Primer ídolo: el dinero; el Papa se refería a los capitales anónimos que hacen esclavo al hombre y lo destruyen.
- Segundo ídolo: la soberbia; que con la difusión de tantas falsas ideologías destruye la verdad.
- Tercer ídolo: la impureza; que con la droga y con la copa de la lujuria seduce a todas las naciones de la tierra.
¡Con la Santísima Virgen estos ídolos deben caer!
La Virgen María tiene esta tarea: destruir estos falsos dioses y llevar a todos sus hijos a amar, a servir y a glorificar al único verdadero Dios: la Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella quiere llevar a todos a adorar y glorificar al Hijo Unigénito de Dios, que se ha encarnado en el seno virginal por obra del Espíritu Santo: Jesucristo, que ha muerto sobre la cruz para nuestra salvación. Jesucristo crucificado que es el único Salvador y el único Redentor. ¡No existen otros! También para esta perversa generación, sólo Cristo crucificado es fuente de salvación.
La Virgen María tiene la tarea de destruir estos falsos dioses: el dinero, las falsas ideologías y la impureza. Y sobre la destrucción de estos falsos ídolos, quiere llevar a todos a la adoración del único verdadero Dios, de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, nuestro Redentor que nos ha indicado el camino de la salvación en la lucha contra el pecado, en el caminar sobre la senda de la observancia de los mandamientos de Dios y del ejercicio de las virtudes cristianas, en el caminar sobre la vía de la santidad, de la luz, de la plena glorificación de Dios.
¡Gracias, oh Virgen María. Haz caer cada vez más estos falsos dioses. Libra a la humanidad de esta esclavitud. Llévala al culto del único verdadero Dios, a fin de que tu Hijo Jesús sea aún hoy por todos amado, servido y glorificado!
Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
¿Y por qué? Para combatir y vencer al Dragón. ¿Y dónde lo vence? La victoria del Dragón consiste en haber alejado a la humanidad de Dios y en el haber construído los ídolos que todos adoran en el puesto de Dios. Entonces hoy la misión de la Virgen María es ésta: ¡hacer caer estos falsos dioses y destruirlos!
El Papa Benedicto XVI, en la meditación que pronunció el 11 de octubre pasado, durante la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente, afirmó que son tres hoy los falsos ídolos que deben caer:
- Primer ídolo: el dinero; el Papa se refería a los capitales anónimos que hacen esclavo al hombre y lo destruyen.
- Segundo ídolo: la soberbia; que con la difusión de tantas falsas ideologías destruye la verdad.
- Tercer ídolo: la impureza; que con la droga y con la copa de la lujuria seduce a todas las naciones de la tierra.
¡Con la Santísima Virgen estos ídolos deben caer!
La Virgen María tiene esta tarea: destruir estos falsos dioses y llevar a todos sus hijos a amar, a servir y a glorificar al único verdadero Dios: la Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella quiere llevar a todos a adorar y glorificar al Hijo Unigénito de Dios, que se ha encarnado en el seno virginal por obra del Espíritu Santo: Jesucristo, que ha muerto sobre la cruz para nuestra salvación. Jesucristo crucificado que es el único Salvador y el único Redentor. ¡No existen otros! También para esta perversa generación, sólo Cristo crucificado es fuente de salvación.
La Virgen María tiene la tarea de destruir estos falsos dioses: el dinero, las falsas ideologías y la impureza. Y sobre la destrucción de estos falsos ídolos, quiere llevar a todos a la adoración del único verdadero Dios, de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, nuestro Redentor que nos ha indicado el camino de la salvación en la lucha contra el pecado, en el caminar sobre la senda de la observancia de los mandamientos de Dios y del ejercicio de las virtudes cristianas, en el caminar sobre la vía de la santidad, de la luz, de la plena glorificación de Dios.
¡Gracias, oh Virgen María. Haz caer cada vez más estos falsos dioses. Libra a la humanidad de esta esclavitud. Llévala al culto del único verdadero Dios, a fin de que tu Hijo Jesús sea aún hoy por todos amado, servido y glorificado!
Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
lunes, 11 de octubre de 2010
EL SANTO ROSARIO
El Rosario es la oración de María; es la oración que ha venido a pedirnos desde el cielo, porque es el arma que debemos usar en estos tiempos de la gran batalla y el signo de su segura victoria. Su victoria se hará efectiva cuando Satanás, con su potente ejército de todos los espíritus infernales, sea encerrado en su reino de tinieblas y de muerte, de donde no podrá salir jamás para dañar al mundo.
Para esto debe descender del cielo un Ángel al que se le ha dado la llave del abismo y una cadena con la cual atará al gran dragón, a la serpiente antigua, Satanás, con todos sus secuaces. El Ángel es un Espíritu, que es enviado por Dios, para cumplir una misión particular.
María es la Reina de los Ángeles, porque entra en su designio particular el ser enviada por el Señor a realizar la mayor y más importante misión de vencer a Satanás. De hecho, ya desde el principio, fue preanunciada como Aquella que es enemiga de la serpiente. Aquella que lucha contra la serpiente, Aquella que al final le aplastará la cabeza. "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya. Ella te aplastará la cabeza, mientras tú intentarás morder su talón" (Gen 3,15).
Su descendencia es Cristo. En Él, que ha llevado a cabo la obra de la Redención y nos ha librado de la esclavitud de Satanás, se realiza su completa victoria. Por esto, le es confiada la llave, con la que es posible abrir o cerrar la puerta del abismo. La llave es el signo del poder que tiene quien es dueño y señor de un lugar, que le pertenece. En este sentido, el que posee la llave de todo lo creado es solo el Verbo encarnado, porque por medio de Él todo ha sido creado, y por esto Jesucristo es el Rey y Señor de todo el universo, esto es, del cielo, de la tierra, y del abismo.
Solo Jesús posee la llave del abismo, porque es Él mismo la Llave de David, que abre y nadie puede cerrar, que cierra y nadie puede abrir. Jesús pone esta llave, que representa su divino poder, en la mano de María, porque como Madre suya, medianera entre su Hijo y nosotros le ha sido confiada la misión de vencer a Satanás y a todo su potente ejército del mal.
La cadena, con la que el gran dragón debe ser atado, está formada por la oración hecha con María y por medio de Ella. Esta oración es la del Santo Rosario. Una cadena, en efecto, tiene primero la misión de limitar la acción, después la misión de aprisionar y al final la de anular toda actividad del que es atado con ella.
La cadena del Santo Rosario tiene ante todo la misión de limitar la acción del Adversario. Cada Rosario que recitamos con María, tiene el efecto de restringir la acción del Maligno, de substraer las almas de su maléfico influjo y de dar mayor fuerza a la expansión del bien en la vida de muchos hijos suyos. La cadena del Santo Rosario tiene también el efecto de aprisionar a Satanás, esto es, de hacer impotente su acción y de disminuir y debilitar cada vez más la fuerza de su diabólico poder. Por esto, cada Rosario bien recitado es un duro golpe dado a la potencia del mal, es una parte de su reino que es demolida. La cadena del Santo Rosario obtiene en fin el resultado de hacer a Satanás completamente inofensivo. Su gran poder es destruido.
Comprendamos ahora por qué en estos últimos tiempos de la batalla entre la Mujer vestida del Sol y el gran dragón, Ella nos pide que multipliquemos por todas partes los Cenáculos de oración, con el rezo del Santo Rosario, la meditación de su palabra y nuestra consagración a su Corazón Inmaculado. La humilde y frágil cuerda del Santo Rosario forma la fuerte cadena con la cual hará su prisionero al tenebroso dominador del mundo, al enemigo de Dios y de sus siervos fieles.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
Para esto debe descender del cielo un Ángel al que se le ha dado la llave del abismo y una cadena con la cual atará al gran dragón, a la serpiente antigua, Satanás, con todos sus secuaces. El Ángel es un Espíritu, que es enviado por Dios, para cumplir una misión particular.
María es la Reina de los Ángeles, porque entra en su designio particular el ser enviada por el Señor a realizar la mayor y más importante misión de vencer a Satanás. De hecho, ya desde el principio, fue preanunciada como Aquella que es enemiga de la serpiente. Aquella que lucha contra la serpiente, Aquella que al final le aplastará la cabeza. "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya. Ella te aplastará la cabeza, mientras tú intentarás morder su talón" (Gen 3,15).
Su descendencia es Cristo. En Él, que ha llevado a cabo la obra de la Redención y nos ha librado de la esclavitud de Satanás, se realiza su completa victoria. Por esto, le es confiada la llave, con la que es posible abrir o cerrar la puerta del abismo. La llave es el signo del poder que tiene quien es dueño y señor de un lugar, que le pertenece. En este sentido, el que posee la llave de todo lo creado es solo el Verbo encarnado, porque por medio de Él todo ha sido creado, y por esto Jesucristo es el Rey y Señor de todo el universo, esto es, del cielo, de la tierra, y del abismo.
Solo Jesús posee la llave del abismo, porque es Él mismo la Llave de David, que abre y nadie puede cerrar, que cierra y nadie puede abrir. Jesús pone esta llave, que representa su divino poder, en la mano de María, porque como Madre suya, medianera entre su Hijo y nosotros le ha sido confiada la misión de vencer a Satanás y a todo su potente ejército del mal.
La cadena, con la que el gran dragón debe ser atado, está formada por la oración hecha con María y por medio de Ella. Esta oración es la del Santo Rosario. Una cadena, en efecto, tiene primero la misión de limitar la acción, después la misión de aprisionar y al final la de anular toda actividad del que es atado con ella.
La cadena del Santo Rosario tiene ante todo la misión de limitar la acción del Adversario. Cada Rosario que recitamos con María, tiene el efecto de restringir la acción del Maligno, de substraer las almas de su maléfico influjo y de dar mayor fuerza a la expansión del bien en la vida de muchos hijos suyos. La cadena del Santo Rosario tiene también el efecto de aprisionar a Satanás, esto es, de hacer impotente su acción y de disminuir y debilitar cada vez más la fuerza de su diabólico poder. Por esto, cada Rosario bien recitado es un duro golpe dado a la potencia del mal, es una parte de su reino que es demolida. La cadena del Santo Rosario obtiene en fin el resultado de hacer a Satanás completamente inofensivo. Su gran poder es destruido.
Comprendamos ahora por qué en estos últimos tiempos de la batalla entre la Mujer vestida del Sol y el gran dragón, Ella nos pide que multipliquemos por todas partes los Cenáculos de oración, con el rezo del Santo Rosario, la meditación de su palabra y nuestra consagración a su Corazón Inmaculado. La humilde y frágil cuerda del Santo Rosario forma la fuerte cadena con la cual hará su prisionero al tenebroso dominador del mundo, al enemigo de Dios y de sus siervos fieles.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
viernes, 16 de julio de 2010
LA "SANTA MONTAÑA"
Subamos con María a la santa montaña de nuestra perfecta conformación a Jesús Crucificado.
¡Cuántas veces Jesús amaba subir a los montes, empujado por un ardiente deseo de soledad y de silencio, para vivir con más intensidad su unión con el Padre! Desde adolescente, con frecuencia buscaba refugio en las colinas que circundan Nazaret; en la montaña promulgó la ley evangélica de las Bienaventuranzas; sobre el monte Tabor vivió el éxtasis de su transfiguración; en Jerusalén, ciudad sobre el monte, recogió a los suyos para la última Cena y pasó las dolorosas horas de su interior agonía; sobre el monte Calvario consumó su Sacrificio; sobre el monte de los Olivos aconteció la definitiva separación de los suyos con la gloriosa ascensión al Cielo.
Subamos hoy con María esta "santa montaña", que es Jesucristo, para que podamos entrar en una intimidad de vida con Él. Subamos al "santo monte" de su Sabiduría, que se nos revela a nosotros, si somos pequeños, humildes y pobres. Nuestra mente será atraída por Su mente divina, y penetraremos el secreto de la Verdad revelada en la Sagrada Escritura, y seremos cautivados por la belleza de su Evangelio, y diremos con valentía a los hombres de hoy la Palabra de Jesús, que es la única que ilumina y puede conducir a la plenitud de la Verdad.
Subamos al "santo monte" de su Corazón para ser transformados por la zarza ardiente de su divina Caridad. Entonces nuestro corazón se dilatará y plasmará según el Suyo y seremos en el mundo el mismo latido del Corazón de Jesús, que va en busca, sobre todo, de los más alejados y quiere envolver a todos con la llama de su infinita miseridordia.
Subamos al "santo monte" de su divina Humanidad, para que podamos llegar a ser reflejo de su perenne inmolación por nosotros. Sus ojos en nuestros ojos, sus manos en nuestras manos, su Corazón en nuestro corazón, sus sufrimientos en nuestros sufrimientos, sus llagas en nuestras llagas, su Cruz en nuestra cruz. Así, nosotros llegamos a ser fuerte presencia de Jesús que por nuestro medio, puede todavía hoy obrar eficazmente para llevar a todos a la salvación. En esta salvación está el triunfo del Corazón Inmaculado de María, y con él finaliza la batalla a la que nos ha llamado y se realiza su anunciada victoria.
Subamos con María a la "Santa Montaña", que es Cristo, para ser perfectamente conformados a Él, de modo que pueda revivir en cada uno de nosotros para conducirnos a todos a la salvación.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
¡Cuántas veces Jesús amaba subir a los montes, empujado por un ardiente deseo de soledad y de silencio, para vivir con más intensidad su unión con el Padre! Desde adolescente, con frecuencia buscaba refugio en las colinas que circundan Nazaret; en la montaña promulgó la ley evangélica de las Bienaventuranzas; sobre el monte Tabor vivió el éxtasis de su transfiguración; en Jerusalén, ciudad sobre el monte, recogió a los suyos para la última Cena y pasó las dolorosas horas de su interior agonía; sobre el monte Calvario consumó su Sacrificio; sobre el monte de los Olivos aconteció la definitiva separación de los suyos con la gloriosa ascensión al Cielo.
Subamos hoy con María esta "santa montaña", que es Jesucristo, para que podamos entrar en una intimidad de vida con Él. Subamos al "santo monte" de su Sabiduría, que se nos revela a nosotros, si somos pequeños, humildes y pobres. Nuestra mente será atraída por Su mente divina, y penetraremos el secreto de la Verdad revelada en la Sagrada Escritura, y seremos cautivados por la belleza de su Evangelio, y diremos con valentía a los hombres de hoy la Palabra de Jesús, que es la única que ilumina y puede conducir a la plenitud de la Verdad.
Subamos al "santo monte" de su Corazón para ser transformados por la zarza ardiente de su divina Caridad. Entonces nuestro corazón se dilatará y plasmará según el Suyo y seremos en el mundo el mismo latido del Corazón de Jesús, que va en busca, sobre todo, de los más alejados y quiere envolver a todos con la llama de su infinita miseridordia.
Subamos al "santo monte" de su divina Humanidad, para que podamos llegar a ser reflejo de su perenne inmolación por nosotros. Sus ojos en nuestros ojos, sus manos en nuestras manos, su Corazón en nuestro corazón, sus sufrimientos en nuestros sufrimientos, sus llagas en nuestras llagas, su Cruz en nuestra cruz. Así, nosotros llegamos a ser fuerte presencia de Jesús que por nuestro medio, puede todavía hoy obrar eficazmente para llevar a todos a la salvación. En esta salvación está el triunfo del Corazón Inmaculado de María, y con él finaliza la batalla a la que nos ha llamado y se realiza su anunciada victoria.
Subamos con María a la "Santa Montaña", que es Cristo, para ser perfectamente conformados a Él, de modo que pueda revivir en cada uno de nosotros para conducirnos a todos a la salvación.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
viernes, 21 de mayo de 2010
FATIMA Y LA IGLESIA
Las declaraciones del Santo Padre Benedicto XVI acerca de la misión profética de Fátima y de su vigencia actual, con motivo de su viaje a Portugal, han sido muy esclarecedoras:
"Se engañaría quien pensase que la misión profética de Fátima haya concluido", fue parte de la homilía en el Santuario de Fátima el día 13 de mayo.
" ...es verdad que además del momento indicado en la visión, se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian", fue parte de una de las respuestas del Papa a los periodistas en el vuelo Roma-Lisboa del día 12 de mayo, acerca del tercer Secreto de Fátima.
A raíz de todo lo que ha ido aconteciendo en relación con el escándalo de los pecados de pederastia, el Papa ha dicho que se acerca la Pasión de la Iglesia y que los peores enemigos se encuentran en su interior y no fuera de ella. Parece ser que el asunto de Fátima, por tanto, no es caso cerrado todavía. Es una realidad que pocos días después de hacerse público el tercer Secreto de Fátima, en el mes de junio del año 2000, varias voces se levantaron dentro de la Iglesia y fuera de ella para expresar algunas dudas de que lo publicado fuera el tercer Secreto en su totalidad.
En 1944 la Hermana Lucía puso por escrito el texto del Secreto, en 1960 debió haberse revelado al mundo y en el año 2000 se hizo público. Los 40 años de silencio parecían dar a entender que su contenido estaba en la línea de una seria advertencia motivada por una grave crisis de fe en la Iglesia. Las palabras del Santo Padre en su viaje a Fátima nos confirman que está por cumplirse el camino del Calvario por el que la Iglesia debe pasar, al igual que Cristo tuvo que recorrer y atravesar el Viernes Santo para resucitar glorioso el Domingo de Resurrección. Sólamente así puede darse la purificación y renovación del Cuerpo Místico de Cristo.
Mensajes de la Virgen María al P. Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano:
“Mi tercer secreto que Yo revelé a los tres niños a quienes me aparecí… será manifestado a todos por el mismo desarrollo de los acontecimientos. La Iglesia conocerá la hora de su mayor apostasía, el hombre de iniquidad se introducirá en el interior de ella y se sentará en el mismo Templo de Dios… La humanidad vivirá el momento de su gran castigo” (13 de mayo de 1990).
“Las fuerzas masónicas han entrado en la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi hijo Jesús... Se está realizando cuanto está contenido en la tercera parte de mi mensaje…” (13 de mayo de 1993).
“En el mismo lugar donde me aparecí, quiero manifestaros mi secreto. Mi secreto concierne a la Iglesia. En la Iglesia se llevará a cabo la gran apostasía, que se difundirá por todo el mundo; el cisma se realizará en el general alejamiento del Evangelio y de la verdadera fe. En ella entrará el hombre de iniquidad, que se opone a Cristo, y que llevará a su interior la abominación de la desolación, dando así cumplimiento al horrible sacrilegio, del cual habló el profeta Daniel (Mt 24, 15). Mi secreto concierne a la humanidad. La humanidad llegará al culmen de la corrupción y de la impiedad, de la rebelión contra Dios y de la abierta oposición a su Ley de amor. Ella conocerá la hora de su mayor castigo, que ya os predijo el profeta Zacarías (Zac 13, 7-9)" (11 de marzo de 1995).
Para finalizar, unas palabras de hace 10 años del entonces Cardenal J. Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con motivo del comentario teológico para la interpretación del Secreto de Fátima:
"El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este sí Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacie el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa."
"Se engañaría quien pensase que la misión profética de Fátima haya concluido", fue parte de la homilía en el Santuario de Fátima el día 13 de mayo.
" ...es verdad que además del momento indicado en la visión, se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian", fue parte de una de las respuestas del Papa a los periodistas en el vuelo Roma-Lisboa del día 12 de mayo, acerca del tercer Secreto de Fátima.
A raíz de todo lo que ha ido aconteciendo en relación con el escándalo de los pecados de pederastia, el Papa ha dicho que se acerca la Pasión de la Iglesia y que los peores enemigos se encuentran en su interior y no fuera de ella. Parece ser que el asunto de Fátima, por tanto, no es caso cerrado todavía. Es una realidad que pocos días después de hacerse público el tercer Secreto de Fátima, en el mes de junio del año 2000, varias voces se levantaron dentro de la Iglesia y fuera de ella para expresar algunas dudas de que lo publicado fuera el tercer Secreto en su totalidad.
En 1944 la Hermana Lucía puso por escrito el texto del Secreto, en 1960 debió haberse revelado al mundo y en el año 2000 se hizo público. Los 40 años de silencio parecían dar a entender que su contenido estaba en la línea de una seria advertencia motivada por una grave crisis de fe en la Iglesia. Las palabras del Santo Padre en su viaje a Fátima nos confirman que está por cumplirse el camino del Calvario por el que la Iglesia debe pasar, al igual que Cristo tuvo que recorrer y atravesar el Viernes Santo para resucitar glorioso el Domingo de Resurrección. Sólamente así puede darse la purificación y renovación del Cuerpo Místico de Cristo.
Mensajes de la Virgen María al P. Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano:
“Mi tercer secreto que Yo revelé a los tres niños a quienes me aparecí… será manifestado a todos por el mismo desarrollo de los acontecimientos. La Iglesia conocerá la hora de su mayor apostasía, el hombre de iniquidad se introducirá en el interior de ella y se sentará en el mismo Templo de Dios… La humanidad vivirá el momento de su gran castigo” (13 de mayo de 1990).
“Las fuerzas masónicas han entrado en la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi hijo Jesús... Se está realizando cuanto está contenido en la tercera parte de mi mensaje…” (13 de mayo de 1993).
“En el mismo lugar donde me aparecí, quiero manifestaros mi secreto. Mi secreto concierne a la Iglesia. En la Iglesia se llevará a cabo la gran apostasía, que se difundirá por todo el mundo; el cisma se realizará en el general alejamiento del Evangelio y de la verdadera fe. En ella entrará el hombre de iniquidad, que se opone a Cristo, y que llevará a su interior la abominación de la desolación, dando así cumplimiento al horrible sacrilegio, del cual habló el profeta Daniel (Mt 24, 15). Mi secreto concierne a la humanidad. La humanidad llegará al culmen de la corrupción y de la impiedad, de la rebelión contra Dios y de la abierta oposición a su Ley de amor. Ella conocerá la hora de su mayor castigo, que ya os predijo el profeta Zacarías (Zac 13, 7-9)" (11 de marzo de 1995).
Para finalizar, unas palabras de hace 10 años del entonces Cardenal J. Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con motivo del comentario teológico para la interpretación del Secreto de Fátima:
"El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este sí Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacie el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa."
jueves, 13 de mayo de 2010
LA GRAN SEÑAL DEL CIELO
"Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12,1).
Uno de los grandes signos de este tiempo lo encontramos, sin duda alguna, en la presencia de la Santísima Virgen María en todo el mundo y en la Iglesia, particularmente en estos últimos 150 años. El Santo Rosario, la consagración al Corazón Inmaculado, el Escapulario del Carmen y otras devociones han contribuido positivamente y consolidado el gran auge mariano en las almas, siendo expresiones del movimiento mariano actual que no se entendería sin tener en cuenta el fenómeno absolutamente singular y decisivo de las apariciones de la Mujer vestida del sol. El Corazón Inmaculado de María es la flor más bella que no tiene competencia en el Cielo ni en la tierra. Dios la ha mirado a Ella desde siempre, la ha amado y la ha hecho objeto de sus complacencias; Dios la ha querido junto a Él para la realización de su infinito proyecto de amor y la ha hecho Corredentora, Madre, Reina y poderosa.
Ninguna criatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente. María ocupó y sigue ocupando un papel muy importante en la historia de la salvación al estilo de lo que sucedió en la boda de Caná de Galilea (Jn 2,1-11), intercediendo ante su hijo. Jesús atiende la petición de su madre a pesar de que “su hora aún no había llegado” (Jn 2,4). María siempre nos lleva a Jesús con aquel “haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). La Virgen María es honrada con razón por la Iglesia Católica, cumpliéndose de esta manera lo que Ella misma proclamó: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,48).
Algunos santos, como San Luis M. Grignon de Monfort y la Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, profetizaron que la Virgen María, humilde y escondida durante toda su vida en la tierra, sería en estos tiempos conocida y amada más que nunca, dejando sentir su augusta presencia entre nosotros. Dios ha amado a los hombres hasta el punto de dar por ellos a su Hijo y después del Hijo, a la Madre (Jn 19,26-27). Pero los hombres no siempre han demostrado y demuestran haber entendido el don de Dios. Esta Madre tiene una capacidad de amor que no tiene límites y los que no admiten esto, porque dicen que no creen en las numerosas intervenciones de la Bienaventurada en favor de la humanidad, no saben lo que es el amor; su corazón es árido y su mente está oscurecida hasta el punto de no ver. ¿No ha hablado la Madre del Cielo con precisión y claridad en La Salette, Lourdes, Fátima y otros lugares?
”Pero no podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestra, entre otras cosas, que la revelación –aun siendo única, plena, por consiguiente, insuperable- no es algo muerto; es viva y vital. Por otra parte, uno de los signos de nuestro tiempo es que las noticias sobre “apariciones marianas” se están multiplicando en el mundo.” (Cardenal J. Ratzinger, Ex Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe).
Dios habla hoy y se comunica de muchas maneras, tanto de una forma sutil por medio de la oración como enviando a su Madre en una aparición. Es verdad que la Revelación pública llegó a su plenitud con Jesucristo y que ninguna revelación puede añadir nada a lo que recibimos por medio de las Escrituras y de la Tradición apostólica; sin embargo, el Señor continuará hablando y manifestándose a su Pueblo para ayudarnos a crecer en nuestra fe, especialmente cuando los tiempos así lo requieran. El Señor reveló a Santa Catalina de Siena: “Mi Madre es un cebo dulcísimo con que atraigo a Mí a los pecadores.”
El mensaje de la Virgen María en Cova de Iría (1917) nos habla del infierno, de la devoción a su Corazón Inmaculado, de la segunda guerra mundial, de los errores esparcidos por Rusia en el mundo por medio de guerras y persecuciones a la Iglesia, y de la urgencia del llamado a la penitencia y a la conversión en un camino de Vía Crucis para el Cuerpo Místico. Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas, aunque no la única. Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos la situación actual de la Iglesia y del mundo, necesitamos recordar que nos encontramos ante una importante y decisiva epifanía Mariana, muchas veces sofocada por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Nos encontramos, sin duda, ante una advertencia del Cielo y una manifestación de la misericordia de Dios.
Las apariciones de la Virgen María, como la gran señal que el Cielo nos ha dado en estos tiempos, junto con diferentes mensajes y revelaciones privadas, son manifestaciones que sirven para comunicar algún deseo de parte de Dios en orden al bien de las almas. Por medio de una lectura orante y una reflexión responsable de algunas revelaciones privadas de santos y siervos de Dios, y de algunos mensajes proféticos dignos de confianza llegamos a descubrir un contenido con muchos elementos en común:
- Una denuncia de la pésima situación moral causada por el pecado, la apostasía y la crisis de fe en la Iglesia. La realidad de la batalla espiritual (Ef 6,10-18) está siendo ignorada con graves consecuencias para la Iglesia y el mundo. La infidelidad de muchos sacerdotes lleva a muchas almas camino de la perdición; vinculado a ellos está el gran misterio de la Eucaristía que está sufriendo un progresivo oscurecimiento, causado por desviaciones doctrinales y prácticas.
- Una advertencia de lo que se prepara a causa de tal situación es expresión de la gran misericordia de Dios que siempre busca nuestro bien y que nadie se pierda (1 Tim 2,4). Se nos ha advertido de forma inequívoca de unas "horas" graves y decisivas para disponernos a cambiar de rumbo, volviendo a Él de todo corazón y con toda el alma.
- Una exhortación a poner remedio antes de que sea demasiado tarde por medio del arrepentimiento y una auténtica conversión. Todo el mal está en que nos empeñamos en seguir nuestros caminos, en vez de buscar los caminos de Dios. Necesitamos retomar el sentido ascético y penitencial de la vida como el auténtico signo evangélico de nuestro discipulado (Mt 16,24). Aquel que se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!, es quien nos invita a entrar por la puerta estrecha y el camino que conduce a la vida (Mt 7,13-14).
En estas horas difíciles que estamos llamados a vivir, parece como si estuviéramos dando cumplimiento a las palabras de San Pablo cuando se dirigía a los judíos de Roma, recriminándoles por su torpeza para ver y entender (Hch 28,24-27). Cuando no escuchamos la voz de Dios y nos resistimos a obedecer, sucede lo que recoge el salmista: “los entregué a su corazón obstinado, para que anduvieran según sus antojos” (Sal 81,12-13). ¿Dónde ha quedado el santo temor de Dios de los grandes santos por la salvación de su alma? Se habla del amor de Dios pero del temor no, a pesar de que sea “el principio de la sabiduría” (Pro 1,7), porque dicen que el temor no se concilia ni puede conciliarse con el amor. Así como encuentran inconciliable la Justicia y la Misericordia, encuentran inconciliable el Amor y el Temor de Dios, porque hoy se aceptan las cosas que son cómodas y se rechazan las que son incómodas.
Virgen María, espléndida Azucena, enséñanos a amar a Dios y a cumplir su santa voluntad en todo. María, tú eres nuestra alegría, porque por medio de ti, Dios descendió a la tierra y a nuestros corazones. Te pedimos la firmeza en la fe y la perseverancia final. Tú que fuiste dócil para someterte al designio de Dios de encarnar en tu seno a su Hijo y que fuiste transformada por el Espíritu Santo en templo de su divinidad, ayúdanos a seguir tu ejemplo y aceptar los designios de Dios con humilde corazón. Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen sagrada María, te ofrecemos alma, vida y corazón; míranos con compasión, no nos dejes Madre mía.
lunes, 21 de diciembre de 2009
DIOS CON NOSOTROS
Vivamos con María el misterio de la Noche Santa, en el silencio, en la oración, en la espera. Participemos en la alegría profunda de nuestra Madre Celestial, que se prepara a darnos a su divino Niño. El Hijo que nace de Ella es también su Dios. Jesús es el Hijo Unigénito del Padre; es el Verbo por el que todo ha sido creado; es Luz de Luz, Dios de Dios, consubstancial al Padre. Jesús está fuera del tiempo: es eterno. Como Dios tiene en Sí mismo la síntesis de todas las perfecciones.
Por medio de María este Dios se hace verdadero hombre. En su seno virginal tuvo lugar su humana concepción. Y en la Noche Santa nace de Ella en una gruta pobre y sin adornos; es depositado en un frío pesebre; es adorado por su Madre y por su padre legal; es circuncidado en la humilde presencia de los pastores; es glorificado por el ejército celestial de los ángeles, que cantan el himno de gloria a Dios y de paz a los hombres amados y salvados por Él.
Inclinémonos con María para adorar a Jesús Niño apenas nacido: es el Emmanuel, es Dios con nosotros. Es Dios con nosotros, porque en la persona divina de Jesús están unidas la naturaleza divina y la naturaleza humana. En el Verbo encarnado se realiza la unidad substancial de la divinidad y de la humanidad. Como Dios, Jesús está por encima del tiempo y del espacio, es inmutable e impasible. Pero como hombre, Jesús entra en el tiempo, soporta el límite del espacio, se sujeta a toda la fragilidad de la naturaleza humana.
Es Dios con nosotros, que se hace hombre para nuestra salvación. En la Noche Santa nace para todos el Salvador y Redentor. La fragilidad de este divino Niño se convierte en remedio para toda la fragilidad humana: su llanto es el alivio de todo dolor; su pobreza es riqueza para toda miseria; su dolor es consuelo para todos los afligidos; su mansedumbre es esperanza para todos los pecadores; su bondad se convierte en salvación para todos los perdidos.
Es Dios con nosotros, que se hace redención y refugio para toda la humanidad. Entremos con María en la gruta luminosa de su divino Amor. Dejémonos depositar por Ella en la cuna dulce y suave de su Corazón, que hace poco que ha empezado a palpitar. Inclinémonos con María, en éxtasis de sobrehumana felicidad, para escuchar sus primeros latidos. Escuchar la divina armonía que se desprende de ellos con notas celestiales de amor, de alegría, de paz que el mundo no había conocido jamás.
Es un canto que repite a cada hombre el eterno y dulcísimo ritmo del amor: te amo, te amo, te amo. Cada uno de sus latidos es un nuevo don de amor para todos. Escuchemos con María sus primeros vagidos de llanto. Es el llanto de un niño recién nacido; es el dolor de un Dios que carga sobre si todo el dolor del mundo.
Es Dios con nosotros, porque, incluso en su humana fragilidad, Jesús es verdadero Dios. Jesucristo es Dios, por encima del cambio del tiempo y de la historia: es el mismo ayer, hoy y siempre. Durante este tiempo en el que la Iglesia nos invita a entrar en la contemplación del misterio de Cristo, entremos todos en el refugio del Corazón Inmaculado de María. Como Madre nos lleva a comprender el gran don de esta Noche Santa.
El Padre ha amado tanto al mundo, que le ha dado a su Hijo Unigénito, para su salvación. El Espíritu Santo hizo fecundo el seno virginal de María, porque el Hijo nacido de Ella es sólo fruto precioso de su divina acción de amor. Nuestra Madre Celestial dio su consentimiento materno, para que se pudiese cumplir el divino prodigio de esta Noche Santa. Hijos predilectos, inclinémonos con María para besar a su Hijo recién nacido, y amemos, adoremos y agradezcamos porque este frágil Niño es Dios hecho hombre, es el Emmanuel, es Dios con nosotros.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
Por medio de María este Dios se hace verdadero hombre. En su seno virginal tuvo lugar su humana concepción. Y en la Noche Santa nace de Ella en una gruta pobre y sin adornos; es depositado en un frío pesebre; es adorado por su Madre y por su padre legal; es circuncidado en la humilde presencia de los pastores; es glorificado por el ejército celestial de los ángeles, que cantan el himno de gloria a Dios y de paz a los hombres amados y salvados por Él.
Inclinémonos con María para adorar a Jesús Niño apenas nacido: es el Emmanuel, es Dios con nosotros. Es Dios con nosotros, porque en la persona divina de Jesús están unidas la naturaleza divina y la naturaleza humana. En el Verbo encarnado se realiza la unidad substancial de la divinidad y de la humanidad. Como Dios, Jesús está por encima del tiempo y del espacio, es inmutable e impasible. Pero como hombre, Jesús entra en el tiempo, soporta el límite del espacio, se sujeta a toda la fragilidad de la naturaleza humana.
Es Dios con nosotros, que se hace hombre para nuestra salvación. En la Noche Santa nace para todos el Salvador y Redentor. La fragilidad de este divino Niño se convierte en remedio para toda la fragilidad humana: su llanto es el alivio de todo dolor; su pobreza es riqueza para toda miseria; su dolor es consuelo para todos los afligidos; su mansedumbre es esperanza para todos los pecadores; su bondad se convierte en salvación para todos los perdidos.
Es Dios con nosotros, que se hace redención y refugio para toda la humanidad. Entremos con María en la gruta luminosa de su divino Amor. Dejémonos depositar por Ella en la cuna dulce y suave de su Corazón, que hace poco que ha empezado a palpitar. Inclinémonos con María, en éxtasis de sobrehumana felicidad, para escuchar sus primeros latidos. Escuchar la divina armonía que se desprende de ellos con notas celestiales de amor, de alegría, de paz que el mundo no había conocido jamás.
Es un canto que repite a cada hombre el eterno y dulcísimo ritmo del amor: te amo, te amo, te amo. Cada uno de sus latidos es un nuevo don de amor para todos. Escuchemos con María sus primeros vagidos de llanto. Es el llanto de un niño recién nacido; es el dolor de un Dios que carga sobre si todo el dolor del mundo.
Es Dios con nosotros, porque, incluso en su humana fragilidad, Jesús es verdadero Dios. Jesucristo es Dios, por encima del cambio del tiempo y de la historia: es el mismo ayer, hoy y siempre. Durante este tiempo en el que la Iglesia nos invita a entrar en la contemplación del misterio de Cristo, entremos todos en el refugio del Corazón Inmaculado de María. Como Madre nos lleva a comprender el gran don de esta Noche Santa.
El Padre ha amado tanto al mundo, que le ha dado a su Hijo Unigénito, para su salvación. El Espíritu Santo hizo fecundo el seno virginal de María, porque el Hijo nacido de Ella es sólo fruto precioso de su divina acción de amor. Nuestra Madre Celestial dio su consentimiento materno, para que se pudiese cumplir el divino prodigio de esta Noche Santa. Hijos predilectos, inclinémonos con María para besar a su Hijo recién nacido, y amemos, adoremos y agradezcamos porque este frágil Niño es Dios hecho hombre, es el Emmanuel, es Dios con nosotros.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
lunes, 14 de diciembre de 2009
MADRE DEL SEGUNDO ADVIENTO
María es nuestra Madre, por voluntad de su Hijo Jesús. Y, como madre, quiere tomarnos de la mano y acompañarnos. Es necesario entonces que nos dejemos todos formar por su acción materna.
Nos forma en el corazón, para llevarnos a la conversión y para abrirnos a una nueva capacidad de amor. Así nos sana de la enfermedad del egoísmo y de la aridez. Nos forma en el alma, ayudándonos a cultivar en ella el gran don de la gracia divina, de la pureza, de la caridad. Y como en un jardín celestial, hace que se abran las flores de todas las virtudes que nos hacen crecer en santidad. Así, Ella aleja de nosotros la sombra del mal, el hielo del pecado, el desierto de la impureza. Nos forma en el cuerpo, haciendo resplandecer la luz del Espíritu que habita en él como en un templo viviente. Así, nos conduce por el camino de la pureza, de la belleza, de la armonía, de la alegría, de la paz, de la comunión con el Paraíso entero.
Ella nos prepara para recibir al Señor que viene. Es por eso que nos ha pedido la consagración a su Corazón Inmaculado. Para formarnos a todos en la docilidad interior que necesita para que Ella pueda actuar en cada uno de nosotros, llevándonos a una profunda transformación, que nos prepare para recibir dignamente al Señor.
Es la Madre del Segundo Adviento. Ella nos prepara para su nueva venida. Ella abre el camino a Jesús que vuelve a nosotros en gloria. Allanemos los montes elevados por la soberbia, por el odio y por la violencia. Colmemos los valles excavados por los vicios, las pasiones, la impureza. Removamos la tierra árida del pecado y del rechazo de Dios. Como Madre dulce y misericordiosa, invita hoy a sus hijos, invita a la humanidad entera a preparar el camino para el Señor que viene.
La misión que le ha sido confiada por el Señor, es la de preparar su venida entre nosotros. Por eso nos pide a todos que volvamos al Señor por el camino de la conversión del corazón y de la vida, porque éste es todavía el tiempo favorable que el Señor nos ha concedido. Nos invita a todos a consagrarnos a su Corazón Inmaculado, confiándonos a Ella como niños, para que pueda llevarnos por el camino de la santidad, en el ejercicio gozoso de todas las virtudes: de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la prudencia, de la fortaleza, de la justicia, de la templanza, del silencio, de la humildad, de la pureza, de la misericordia.
Nos forma en la oración, que siempre debemos hacer con Ella. Multipliquemos, en todas las partes del mundo, los Cenáculos de oración que nos ha pedido, como antorchas encendidas en la noche, como puntos de referencia seguros, como refugios necesarios y esperados. Pide, sobre todo, que se difundan cada vez más los Cenáculos familiares, para ofrecernos una morada segura, en la gran prueba que ya nos espera.
Es la Madre del Segundo Adviento. Dejémonos, entonces, guiar y formar por Ella para poder estar preparados para recibir a Jesús, que vendrá en gloria para instaurar entre nosotros su Reino de amor, de santidad, de justicia y de paz.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
Nos forma en el corazón, para llevarnos a la conversión y para abrirnos a una nueva capacidad de amor. Así nos sana de la enfermedad del egoísmo y de la aridez. Nos forma en el alma, ayudándonos a cultivar en ella el gran don de la gracia divina, de la pureza, de la caridad. Y como en un jardín celestial, hace que se abran las flores de todas las virtudes que nos hacen crecer en santidad. Así, Ella aleja de nosotros la sombra del mal, el hielo del pecado, el desierto de la impureza. Nos forma en el cuerpo, haciendo resplandecer la luz del Espíritu que habita en él como en un templo viviente. Así, nos conduce por el camino de la pureza, de la belleza, de la armonía, de la alegría, de la paz, de la comunión con el Paraíso entero.
Ella nos prepara para recibir al Señor que viene. Es por eso que nos ha pedido la consagración a su Corazón Inmaculado. Para formarnos a todos en la docilidad interior que necesita para que Ella pueda actuar en cada uno de nosotros, llevándonos a una profunda transformación, que nos prepare para recibir dignamente al Señor.
Es la Madre del Segundo Adviento. Ella nos prepara para su nueva venida. Ella abre el camino a Jesús que vuelve a nosotros en gloria. Allanemos los montes elevados por la soberbia, por el odio y por la violencia. Colmemos los valles excavados por los vicios, las pasiones, la impureza. Removamos la tierra árida del pecado y del rechazo de Dios. Como Madre dulce y misericordiosa, invita hoy a sus hijos, invita a la humanidad entera a preparar el camino para el Señor que viene.
La misión que le ha sido confiada por el Señor, es la de preparar su venida entre nosotros. Por eso nos pide a todos que volvamos al Señor por el camino de la conversión del corazón y de la vida, porque éste es todavía el tiempo favorable que el Señor nos ha concedido. Nos invita a todos a consagrarnos a su Corazón Inmaculado, confiándonos a Ella como niños, para que pueda llevarnos por el camino de la santidad, en el ejercicio gozoso de todas las virtudes: de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la prudencia, de la fortaleza, de la justicia, de la templanza, del silencio, de la humildad, de la pureza, de la misericordia.
Nos forma en la oración, que siempre debemos hacer con Ella. Multipliquemos, en todas las partes del mundo, los Cenáculos de oración que nos ha pedido, como antorchas encendidas en la noche, como puntos de referencia seguros, como refugios necesarios y esperados. Pide, sobre todo, que se difundan cada vez más los Cenáculos familiares, para ofrecernos una morada segura, en la gran prueba que ya nos espera.
Es la Madre del Segundo Adviento. Dejémonos, entonces, guiar y formar por Ella para poder estar preparados para recibir a Jesús, que vendrá en gloria para instaurar entre nosotros su Reino de amor, de santidad, de justicia y de paz.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
martes, 8 de diciembre de 2009
UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS
Contemplamos hoy el candor inmaculado de nuestra Madre Celeste. Ella es la Inmaculada Concepción, la única criatura exenta de toda mancha de pecado incluso del original. Es toda hermosa. Dejémonos envolver en su manto de belleza, para que también nosotros seamos iluminados con su candor del Cielo, con su Luz Inmaculada. Ella es toda hermosa por ser llamada a ser la Madre del Hijo de Dios y a formar el virginal vástago del que debe surgir la Flor Divina. Por eso su designio se inserta en el misterio mismo de nuestra salvación.
Al principio es anunciada como la enemiga de Satanás, la que obtendrá sobre él la completa victoria. "Pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya; Ella te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón." Al final es vista como la Mujer vestida del Sol, que tiene la misión de combatir contra el Dragón Rojo y su poderoso ejército, para vencerlo y arrojarlo a su reino de muerte, para que en el mundo pueda reinar solamente Cristo. Es presentada por la Sagrada Escritura con el fulgor de su maternal realeza; "y apareció en el Cielo otra señal: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza."
En torno a su cabeza hay, pues, una corona de doce estrellas. La corona es el signo de la realeza. La misma está compuesta por doce estrellas, porque se convierte en el símbolo de su materna y real presencia en el corazón mismo del pueblo de Dios. Las doce estrellas indican las doce tribus de Israel, que componen el pueblo elegido, escogido y llamado por el Señor para preparar la venida al mundo del Hijo de Dios y del Redentor. Puesto que Ella es llamada a ser la Madre del Mesías, su designio es el de ser el cumplimiento de las promesas, el brote virginal, el honor y la gloria de todo el pueblo de Israel. En efecto, la Iglesia la exalta con estas palabras: "Tú eres la gloria de Jerusalén; Tú eres la alegría de Israel; Tú eres el honor de nuetro pueblo." Por eso las tribus de Israel forman doce piedras preciosas de la diadema que circunda su cabeza, para indicar la función de su materna realeza.
Las doce estrellas significan también los doce Apóstoles que son el fundamento sobre el cual Cristo ha fundado su Iglesia. Se ha encontrado a menudo con ellos, para estimularlos a seguir y a creer en Jesús durante los tres años de su pública misión. En su lugar, Ella estuvo bajo la Cruz, junto con Juan, en el momento de la crucifixión, de la agonía y de la muerte de su Hijo Jesús. Con ellos ha participado de la alegría de su resurrección; junto a ellos, recogidos en oración, ha asistido al momento glorioso de Pentecostés. Durante su existencia terrena ha permanecido junto a ellos con su oración y su presencia maternal para ayudarlos, formarlos, alentarlos e impulsarlos a beber el cáliz que había sido preparado para ellos por el Padre Celestial. Es así Madre y Reina de los Apóstoles que, en torno a su cabeza, forman doce estrellas luminosas de su materna realeza.
Es Madre y Reina de toda la Iglesia. Las doce estrellas significan además una nueva realidad. El Apocalipsis, en efecto, la ve como un gran signo en el cielo: La Mujer vestida del Sol, que combate al Dragón y a su poderoso ejército del mal. Entonces, las estrellas en torno a su cabeza indican a aquellos que se consagran a su Corazón Inmaculado, forman parte de su ejército victorioso, se dejan guiar por Ella para combatir esta batalla y para obtener al final nuestra mayor victoria. Así, todos sus predilectos y los hijos consagrados a su Corazón Inmaculado, llamados hoy a ser los apóstoles de los últimos tiempos, son las estrellas más luminosas de su real corona.
Las doce estrellas, que forman la luminosa corona de su materna realeza, están constituidas por las doce tribus de Israel, por los Apóstoles y por los apóstoles de estos nuestros últimos tiempos. Entonces, en la fiesta de su Inmaculada Concepción, nos llama a todos nosotros a formar parte preciosa de su corona y volvernos las estrellas brillantes que difunden, por todas las partes del mundo, la luz, la gracia, la santidad, la belleza y la gloria de nuestra madre Celeste.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
Al principio es anunciada como la enemiga de Satanás, la que obtendrá sobre él la completa victoria. "Pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya; Ella te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón." Al final es vista como la Mujer vestida del Sol, que tiene la misión de combatir contra el Dragón Rojo y su poderoso ejército, para vencerlo y arrojarlo a su reino de muerte, para que en el mundo pueda reinar solamente Cristo. Es presentada por la Sagrada Escritura con el fulgor de su maternal realeza; "y apareció en el Cielo otra señal: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza."
En torno a su cabeza hay, pues, una corona de doce estrellas. La corona es el signo de la realeza. La misma está compuesta por doce estrellas, porque se convierte en el símbolo de su materna y real presencia en el corazón mismo del pueblo de Dios. Las doce estrellas indican las doce tribus de Israel, que componen el pueblo elegido, escogido y llamado por el Señor para preparar la venida al mundo del Hijo de Dios y del Redentor. Puesto que Ella es llamada a ser la Madre del Mesías, su designio es el de ser el cumplimiento de las promesas, el brote virginal, el honor y la gloria de todo el pueblo de Israel. En efecto, la Iglesia la exalta con estas palabras: "Tú eres la gloria de Jerusalén; Tú eres la alegría de Israel; Tú eres el honor de nuetro pueblo." Por eso las tribus de Israel forman doce piedras preciosas de la diadema que circunda su cabeza, para indicar la función de su materna realeza.
Las doce estrellas significan también los doce Apóstoles que son el fundamento sobre el cual Cristo ha fundado su Iglesia. Se ha encontrado a menudo con ellos, para estimularlos a seguir y a creer en Jesús durante los tres años de su pública misión. En su lugar, Ella estuvo bajo la Cruz, junto con Juan, en el momento de la crucifixión, de la agonía y de la muerte de su Hijo Jesús. Con ellos ha participado de la alegría de su resurrección; junto a ellos, recogidos en oración, ha asistido al momento glorioso de Pentecostés. Durante su existencia terrena ha permanecido junto a ellos con su oración y su presencia maternal para ayudarlos, formarlos, alentarlos e impulsarlos a beber el cáliz que había sido preparado para ellos por el Padre Celestial. Es así Madre y Reina de los Apóstoles que, en torno a su cabeza, forman doce estrellas luminosas de su materna realeza.
Es Madre y Reina de toda la Iglesia. Las doce estrellas significan además una nueva realidad. El Apocalipsis, en efecto, la ve como un gran signo en el cielo: La Mujer vestida del Sol, que combate al Dragón y a su poderoso ejército del mal. Entonces, las estrellas en torno a su cabeza indican a aquellos que se consagran a su Corazón Inmaculado, forman parte de su ejército victorioso, se dejan guiar por Ella para combatir esta batalla y para obtener al final nuestra mayor victoria. Así, todos sus predilectos y los hijos consagrados a su Corazón Inmaculado, llamados hoy a ser los apóstoles de los últimos tiempos, son las estrellas más luminosas de su real corona.
Las doce estrellas, que forman la luminosa corona de su materna realeza, están constituidas por las doce tribus de Israel, por los Apóstoles y por los apóstoles de estos nuestros últimos tiempos. Entonces, en la fiesta de su Inmaculada Concepción, nos llama a todos nosotros a formar parte preciosa de su corona y volvernos las estrellas brillantes que difunden, por todas las partes del mundo, la luz, la gracia, la santidad, la belleza y la gloria de nuestra madre Celeste.
Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
martes, 19 de mayo de 2009
EPIFANIA MARIANA II
El siglo XIX y, particularmente, el siglo XX han estado marcados por múltiples y supuestas apariciones marianas. La Virgen María indica que algunas son auténticas y otras no. Hay elementos de discernimiento claro que nos ayudan en esta tarea, como es la doctrina y las recomendaciones espirituales que se divulgan en cada aparición.
Otro elemento de discernimiento, difícil de entender a priori pero comprensible debido a la actual confusión que a veces existe aún en los mismos que tienen responsabilidad y autoridad dentro de la Iglesia, es que algunas que no son manifestaciones auténticas podrían ser apoyadas por obispos y sacerdotes, mientras que otras verdaderas podrían recibir el rechazo de algunos pastores. Esto no significa que la Iglesia, como Madre y depositaria de la Revelación, pueda equivocarse en asuntos de fe, dogma o moral, sino que estaríamos hablando de un juicio particular de algún pastor o jerarca que no comprometería a la Iglesia.
Las apariciones no son dogma de fe ni verdades que tengamos que creer necesariamente; los fieles tienen libertad de creer o no creer en la aparición y lo mismo sucede con las apariciones que son reprimidas o perseguidas, ya que puede suceder y de hecho ha sucedido que haya obispos que rechacen alguna aparición. La que es verdaderamente auténtica no dejará de serlo, ya que lo que viene de Dios permanece y, al final, la luz y la verdad siempre se imponen cuando la Iglesia oportunamente lo aprueba.
El caso de San Sebastián de Garabandal (Cantabria) es ejemplo de una aparición muy discutida y perseguida, así como el caso de Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) que recibió un fuerte pronunciamiento en contra por parte del obispo. Ambos casos podrían recibir la aprobación de la Iglesia en un futuro no tan lejano, ya que siempre se impone el buen criterio. Todavía no ha habido declaración oficial en Roma de la opinión de la Iglesia sobre los hechos de Garabandal y de Medjugorje. Sea cual sea la posición final y oficial del Vaticano, la Virgen María nos invita a permanecer firmes en la Iglesia, amando a nuestros pastores y viviendo en armonía y comunión con ellos.
Garabandal (1961-1965) está considerada como una de las apariciones más trascendentales debido a su asombrosa y hermosa historia. Allí sucedieron muchos fenómenos de la teología mística, como son: éxtasis, caídas y marchas extáticas, levitación, insensibilidad física total, lenguas extranjeras y cánticos, identificación de personas, conocimiento de conciencias, profecías, comunión invisible, etc. Muchos la consideran como una continuación de Fátima y sus mensajes principales nos hablan de la Eucaristía, de la vida de oración, del sacrificio y la penitencia, y del sacerdocio. Hay una denuncia por la pésima situación moral del mundo, una advertencia de lo que se prepara a causa de tal situación y una exhortación a poner remedio antes de que sea demasiado tarde. Lo que llama la atención es que ésta es una aparición muy poco conocida en España, a diferencia de lo que ocurre en muchos países de todo el mundo.
Las apariciones de Medjugorje comenzaron en el año 1981 y desde entonces cientos de miles de peregrinos han recibido un fuerte impulso en su vida espiritual, particularmente a través del Sacramento del Perdón. Los mensajes fundamentales nos hablan de paz, fe, conversión, oración y ayuno. Además de los mensajes, la Virgen prometió a los videntes confiarles un total de 10 secretos; a fecha de hoy, solo resta por revelar un secreto a uno de los videntes. Sobre su contenido, algunos se refieren al pueblo de Medjugorje en particular, otros se refieren a su vida personal y hay tres que son especialmente importantes por su relación con el futuro del mundo y de la Iglesia.
En ambos casos, existen muchos paralelismos y coincidencias en cuanto al contenido de los mensajes se refiere. También encontramos similitudes referidas a las señales previas o advertencias, el aviso, y la señal permanente y visible o gran milagro. Sin embargo, considero que lo más importante y destacable es, sin duda, admirar y agradecer al Cielo las abundantes gracias de conversión que se han derramado, en torno a Garabandal y Medjugorje, durante este último casi medio siglo.
"Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis" (Mt 7,16-20).
Otro elemento de discernimiento, difícil de entender a priori pero comprensible debido a la actual confusión que a veces existe aún en los mismos que tienen responsabilidad y autoridad dentro de la Iglesia, es que algunas que no son manifestaciones auténticas podrían ser apoyadas por obispos y sacerdotes, mientras que otras verdaderas podrían recibir el rechazo de algunos pastores. Esto no significa que la Iglesia, como Madre y depositaria de la Revelación, pueda equivocarse en asuntos de fe, dogma o moral, sino que estaríamos hablando de un juicio particular de algún pastor o jerarca que no comprometería a la Iglesia.
Las apariciones no son dogma de fe ni verdades que tengamos que creer necesariamente; los fieles tienen libertad de creer o no creer en la aparición y lo mismo sucede con las apariciones que son reprimidas o perseguidas, ya que puede suceder y de hecho ha sucedido que haya obispos que rechacen alguna aparición. La que es verdaderamente auténtica no dejará de serlo, ya que lo que viene de Dios permanece y, al final, la luz y la verdad siempre se imponen cuando la Iglesia oportunamente lo aprueba.
El caso de San Sebastián de Garabandal (Cantabria) es ejemplo de una aparición muy discutida y perseguida, así como el caso de Medjugorje (Bosnia-Herzegovina) que recibió un fuerte pronunciamiento en contra por parte del obispo. Ambos casos podrían recibir la aprobación de la Iglesia en un futuro no tan lejano, ya que siempre se impone el buen criterio. Todavía no ha habido declaración oficial en Roma de la opinión de la Iglesia sobre los hechos de Garabandal y de Medjugorje. Sea cual sea la posición final y oficial del Vaticano, la Virgen María nos invita a permanecer firmes en la Iglesia, amando a nuestros pastores y viviendo en armonía y comunión con ellos.
Garabandal (1961-1965) está considerada como una de las apariciones más trascendentales debido a su asombrosa y hermosa historia. Allí sucedieron muchos fenómenos de la teología mística, como son: éxtasis, caídas y marchas extáticas, levitación, insensibilidad física total, lenguas extranjeras y cánticos, identificación de personas, conocimiento de conciencias, profecías, comunión invisible, etc. Muchos la consideran como una continuación de Fátima y sus mensajes principales nos hablan de la Eucaristía, de la vida de oración, del sacrificio y la penitencia, y del sacerdocio. Hay una denuncia por la pésima situación moral del mundo, una advertencia de lo que se prepara a causa de tal situación y una exhortación a poner remedio antes de que sea demasiado tarde. Lo que llama la atención es que ésta es una aparición muy poco conocida en España, a diferencia de lo que ocurre en muchos países de todo el mundo.
Las apariciones de Medjugorje comenzaron en el año 1981 y desde entonces cientos de miles de peregrinos han recibido un fuerte impulso en su vida espiritual, particularmente a través del Sacramento del Perdón. Los mensajes fundamentales nos hablan de paz, fe, conversión, oración y ayuno. Además de los mensajes, la Virgen prometió a los videntes confiarles un total de 10 secretos; a fecha de hoy, solo resta por revelar un secreto a uno de los videntes. Sobre su contenido, algunos se refieren al pueblo de Medjugorje en particular, otros se refieren a su vida personal y hay tres que son especialmente importantes por su relación con el futuro del mundo y de la Iglesia.
En ambos casos, existen muchos paralelismos y coincidencias en cuanto al contenido de los mensajes se refiere. También encontramos similitudes referidas a las señales previas o advertencias, el aviso, y la señal permanente y visible o gran milagro. Sin embargo, considero que lo más importante y destacable es, sin duda, admirar y agradecer al Cielo las abundantes gracias de conversión que se han derramado, en torno a Garabandal y Medjugorje, durante este último casi medio siglo.
"Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis" (Mt 7,16-20).
miércoles, 13 de mayo de 2009
EPIFANIA MARIANA
Hace un par de semanas, el Señor nos hizo el regalo de poder estar en Fátima durante dos días. Era la primera vez para nosotros y queríamos aprovechar esta oportunidad para poner en manos de la Madre nuestros diez años de matrimonio y así renovar nuestra consagración a su Corazón Inmaculado.
Es un lugar muy especial, en el que se puede descubrir que el Corazón Inmaculado de María es la flor más bella que no tiene competencia en el Cielo ni en la tierra. Dios la ha mirado a Ella desde siempre, la ha amado y la ha hecho objeto de sus complacencias; Dios la ha querido junto a Él para la realización de su infinito proyecto de amor y la ha hecho Corredentora, Madre, Reina y poderosa.
Dios ha amado a los hombres hasta el punto de dar por ellos a su Hijo y después del Hijo, a la Madre (Jn 19,26-27). Pero los hombres no siempre han demostrado y demuestran haber entendido el don de Dios. Esta Madre tiene una capacidad de amor que no tiene límites y los que no admiten esto, porque dicen que no creen en las numerosas intervenciones de la Bienaventurada en favor de la humanidad, no saben lo que es el amor; su corazón es árido y su mente está oscurecida hasta el punto de no ver. ¿No ha hablado la Madre del Cielo con precisión y claridad en La Salette, Lourdes, Fátima y en otros lugares?
Dios habla hoy y se comunica de muchas maneras, tanto de una forma sutil por medio de la oración como enviando a su Madre en una aparición. Es verdad que la Revelación pública llegó a su plenitud con Jesucristo y que ninguna revelación puede añadir nada a lo que recibimos por medio de las Escrituras y de la Tradición apostólica; sin embargo, el Señor continuará hablando y manifestándose a su Pueblo para ayudarnos a crecer en nuestra fe, especialmente cuando los tiempos así lo requieran.
El mensaje de la Virgen María en Cova de Iría (1917) nos habla del infierno, de la devoción a su Corazón Inmaculado, de la segunda guerra mundial, de los errores esparcidos por Rusia en el mundo por medio de guerras y persecuciones a la Iglesia, y de la urgencia del llamado a la penitencia y a la conversión en un camino de viacrucis para el Cuerpo Místico. Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas, aunque no la única.
Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos la situación actual de la Iglesia y del mundo, necesitamos recordar que nos encontramos ante una importante y decisiva epifanía Mariana, muchas veces sofocada por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Nos encontramos, sin duda, ante una advertencia del Cielo y una manifestación de la misericordia de Dios.
"El Señor, Dios de sus antepasados, les envió constantes advertencias por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su lugar de residencia. Pero ellos se rieron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus avisos y se burlaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor estalló contra su pueblo de modo que ya no hubo remedio" (2 Cr 36,15-16).
Es un lugar muy especial, en el que se puede descubrir que el Corazón Inmaculado de María es la flor más bella que no tiene competencia en el Cielo ni en la tierra. Dios la ha mirado a Ella desde siempre, la ha amado y la ha hecho objeto de sus complacencias; Dios la ha querido junto a Él para la realización de su infinito proyecto de amor y la ha hecho Corredentora, Madre, Reina y poderosa.
Dios ha amado a los hombres hasta el punto de dar por ellos a su Hijo y después del Hijo, a la Madre (Jn 19,26-27). Pero los hombres no siempre han demostrado y demuestran haber entendido el don de Dios. Esta Madre tiene una capacidad de amor que no tiene límites y los que no admiten esto, porque dicen que no creen en las numerosas intervenciones de la Bienaventurada en favor de la humanidad, no saben lo que es el amor; su corazón es árido y su mente está oscurecida hasta el punto de no ver. ¿No ha hablado la Madre del Cielo con precisión y claridad en La Salette, Lourdes, Fátima y en otros lugares?
Dios habla hoy y se comunica de muchas maneras, tanto de una forma sutil por medio de la oración como enviando a su Madre en una aparición. Es verdad que la Revelación pública llegó a su plenitud con Jesucristo y que ninguna revelación puede añadir nada a lo que recibimos por medio de las Escrituras y de la Tradición apostólica; sin embargo, el Señor continuará hablando y manifestándose a su Pueblo para ayudarnos a crecer en nuestra fe, especialmente cuando los tiempos así lo requieran.
El mensaje de la Virgen María en Cova de Iría (1917) nos habla del infierno, de la devoción a su Corazón Inmaculado, de la segunda guerra mundial, de los errores esparcidos por Rusia en el mundo por medio de guerras y persecuciones a la Iglesia, y de la urgencia del llamado a la penitencia y a la conversión en un camino de viacrucis para el Cuerpo Místico. Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas, aunque no la única.
Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos la situación actual de la Iglesia y del mundo, necesitamos recordar que nos encontramos ante una importante y decisiva epifanía Mariana, muchas veces sofocada por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Nos encontramos, sin duda, ante una advertencia del Cielo y una manifestación de la misericordia de Dios.
"El Señor, Dios de sus antepasados, les envió constantes advertencias por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su lugar de residencia. Pero ellos se rieron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus avisos y se burlaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor estalló contra su pueblo de modo que ya no hubo remedio" (2 Cr 36,15-16).
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