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viernes, 2 de marzo de 2012

DIOS DE LOS EJERCITOS

Aunque no lo parezca, todos sabemos algo de hebreo; si no fuera así, no diríamos Amén y Aleluya. Sabemos, o sabíamos, también otras palabras menos frecuentes, que se dicen tal cual en la liturgia en latín. Entre ellas está Sabaot.

Es el plural de la palabra hebrea dsabá, que se deja ver casi cuatrocientas veces en el Antiguo Testamento hebreo, y signfiica, real o metafóricamente: ejército, milicia, guerra. Ejemplo de sentido real es 1 Sam 17,45: David se enfrenta a Goliat: "Tú vienes hacia mí armado con espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre de Yahvé Sabaot, Dios de los ejércitos de Israel a los que has desafiado".

Sorprende que la palabra Sabaot llegara a ser título divino: "Yahvé Sabaot". En sentido literal, ¿qué ejércitos tiene el "Dios de los ejércitos"? Los de su pueblo elegido; con la garantía de que cuando sale al frente de las tropas israelitas siempre es triunfador (cf. Is 1,24: "Oráculo del Señor Yahvé Sabaot, el Fuerte de Israel: Voy a desquitarme de mis enemigos, voy a vengarme de mis contrarios").

Cuando su sentido es metafórico, los "soldados" de Dios son algunas veces los ángeles, potencias celestes (Sal 103,20-21: "Bendecid al Señor, ángeles suyos... bendecid al Señor, ejércitos suyos"). Con más frecuencia, son las estrellas del cielo; Dios las tiene contadas, y llama a cada una por su nombre (Sal 147,4). Cierto, es un ejército ordenado y valeroso: combatientes a favor de Dios, lucharon desde el cielo contra Sísara, y así le fue (Jue 5,20). Este uso no es raro en los libros proféticos, cuando se habla de Dios, Señor absoluto del universo.

No siempre es fácil identificar los ejércitos de Dios. En un mismo salmo, el 46, la misma expresión puede referirse a las fuerzas cósmicas en el v. 4; pero en el v. 12, en contexto de guerra, probablemente no.

¿Quién inventó ese título divino? Desde Mesopotamia, que fue quizás la cuna de la astrología, hasta Egipto, donde se decía que las estrellas eran el séquito del dios Osiris, bastaba contemplar el cielo de una noche estrellada para pensar que los astros, tan cerca de Dios, poseen poderes divinos. Israel, así como sintió la atracción de los dioses falsos de Canaán, también sintió la tentación de los cultos astrales de pueblos vecinos. Por eso, el Deuteronomio (4,19) prohibía con dureza dar culto a las estrellas: "Cuando levantes los ojos al cielo y veas el sol, la luna, las estrellas, todo el ejército del cielo, no te dejes seducir y te postres ante ellos para darles culto". ¡Las estrellas no son "dioses menores", sino criaturas del único Dios.

Reafirmemos nuestra fe en el verdadero Dios, escuchando sus palabras en Is 44,6-7: "Esto dice el Señor, rey de Israel, su redentor, Yahvé Sabaot: Yo soy el primero y el último, fuera de mí no hay ningún dios. ¿Quién como yo?" (Lástima, ahora nos hacen decir: "...el Señor todopoderoso". No proferimos una mentira, pero ¿era eso lo que decía el texto hebreo?).

Fuente: Magnificat (Febrero 2012)
 

sábado, 1 de enero de 2011

LA CAIDA DE LOS FALSOS DIOSES (II)

El Dragón ha construido también dos falsos ídolos en la Iglesia para destruirla:

- El primer ídolo, formado por el racionalismo y por el relativismo, intenta destruir la fe en la Iglesia.

En la segunda carta de San Pedro está escrito: "Surgirán entre vosotros falsos maestros que enseñarán herejías desastrosas y se opondrán contra el verdadero Dios que nos ha salvado. Muchos les seguirán y vivirán como ellos una vida inmoral. Por su causa la fe cristiana será despreciada" (2 Pe 2,1-2). He aquí por qué la pérdida de la fe se difunde hoy en la Iglesia a causa de estos falsos maestros, que enseñan pero enseñan mal. Enseñan mal porque difunden los errores, por tanto son maestros pero maestros falsos.

¿Cómo podemos discernir los buenos de los malos? Si los maestros difunden las verdades de la fe católica, son humildes, obedientes al Magisterio, entonces son buenos. Pero si son soberbios, difunden los errores, no obedecen al Magisterio, entonces son falsos. Y nosotros hoy debemos saber discernir. La Virgen nos quiere niños inteligentes, no estúpidos. Debemos saber discernir: seguir a los buenos para permanecer en la fe, no escuchar a los malos para no caer en el error y perder la fe.

- El segundo ídolo, la división causada por la contestación al Papa.

Aquí en Fátima, Jacinta tuvo una visión: vió al Santo Padre de rodillas que lloraba, mientras desde fuera lanzaban piedras contra él. ¿Qué son estas piedras sino las críticas, las contestaciones, las oposiciones hechas hoy al Papa en el interior de la Iglesia?

¡Mis hermanos sacerdotes, estad cada vez más unidos a los obispos y al Papa! ¡Mis queridísimos fieles, estad siempre cada vez más unidos a vuestros sacerdotes, no les abandonéis, ayudadles y permaneced cada vez más unidos a los obispos y al Papa! Entonces la unidad de la Iglesia volverá a florecer: renovada, santificada, iluminada por tu Corazón Inmaculado, oh Madre de la Iglesia.

Oh Virgen de Fátima, te contemplamos, Mujer vestida del Sol, para mirar contigo al Cielo y así comprender que el gran día del Señor está cercano, que debemos prepararnos al retorno de Jesús en la Gloria, el Sol radiante de Justicia que hará nuevos cielos y nueva tierra. ¡Y de estos tiempos nuevos, tú, Fátima, eres el anticipo!

¡Alabado sea Jesucristo!

Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)
 

viernes, 31 de diciembre de 2010

LA CAIDA DE LOS FALSOS DIOSES

La misión de la Santísima Virgen es combatir y vencer al Dragón. A este Dragón que ha seducido a la humanidad con la soberbia, Ella lo vencerá con la humildad. Y así, mientras él se ha formado su ejército con los más grandes, Ella se lo ha formado con los más pequeños. Se ha formado su ejército, no con los más fuertes, sino con los más débiles; no con los más ricos, sino con los más pobres; no con los más grandes, sino con los pequeños.

¿Y por qué? Para combatir y vencer al Dragón. ¿Y dónde lo vence? La victoria del Dragón consiste en haber alejado a la humanidad de Dios y en el haber construído los ídolos que todos adoran en el puesto de Dios. Entonces hoy la misión de la Virgen María es ésta: ¡hacer caer estos falsos dioses y destruirlos!

El Papa Benedicto XVI, en la meditación que pronunció el 11 de octubre pasado, durante la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente, afirmó que son tres hoy los falsos ídolos que deben caer:

- Primer ídolo: el dinero; el Papa se refería a los capitales anónimos que hacen esclavo al hombre y lo destruyen.
- Segundo ídolo: la soberbia; que con la difusión de tantas falsas ideologías destruye la verdad.
- Tercer ídolo: la impureza; que con la droga y con la copa de la lujuria seduce a todas las naciones de la tierra.

¡Con la Santísima Virgen estos ídolos deben caer!

La Virgen María tiene esta tarea: destruir estos falsos dioses y llevar a todos sus hijos a amar, a servir y a glorificar al único verdadero Dios: la Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella quiere llevar a todos a adorar y glorificar al Hijo Unigénito de Dios, que se ha encarnado en el seno virginal por obra del Espíritu Santo: Jesucristo, que ha muerto sobre la cruz para nuestra salvación. Jesucristo crucificado que es el único Salvador y el único Redentor. ¡No existen otros! También para esta perversa generación, sólo Cristo crucificado es fuente de salvación.

La Virgen María tiene la tarea de destruir estos falsos dioses: el dinero, las falsas ideologías y la impureza. Y sobre la destrucción de estos falsos ídolos, quiere llevar a todos a la adoración del único verdadero Dios, de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, nuestro Redentor que nos ha indicado el camino de la salvación en la lucha contra el pecado, en el caminar sobre la senda de la observancia de los mandamientos de Dios y del ejercicio de las virtudes cristianas, en el caminar sobre la vía de la santidad, de la luz, de la plena glorificación de Dios.

¡Gracias, oh Virgen María. Haz caer cada vez más estos falsos dioses. Libra a la humanidad de esta esclavitud. Llévala al culto del único verdadero Dios, a fin de que tu Hijo Jesús sea aún hoy por todos amado, servido y glorificado!

Fuente: P. Gobbi en Fátima (25/10/2010)

jueves, 16 de diciembre de 2010

CUANDO SOMOS ZARANDEADOS

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo” (Lc 22,31).

Necesitamos entender que Satanás busca zarandear sólo a aquellos que son una amenaza para su trabajo. Está en contra del árbol que tiene el potencial de producir más fruto. Pero ¿por qué deseaba el diablo zarandear a Pedro? ¿Por qué estaba tan ansioso de probarlo? Pedro había estado echando fuera demonios y sanando enfermos durante tres años. ¡Satanás había escuchado a Jesús prometer a sus discípulos otro bautismo, un bautismo con el Espíritu Santo y fuego, y le hizo temblar! Satanás había escuchado el último plan de Dios para Pedro y se dio cuenta que los últimos tres años no serían nada comparados con las grandes obras que Pedro y los otros discípulos harían después. Habiendo ya agarrado a Judas, tendría que buscar algo en Pedro para hacer que su fe fallara.

Cuando nosotros nos vemos zarandeados podemos preguntarnos: ¿por qué yo? Y ¿por qué ahora? Primeramente, ¡debemos gozarnos por tener tanta reputación en el infierno! Satanás nunca hubiera pedido permiso a Dios para zarandear a alguien a no ser que ese alguien haya cruzado la línea de la obediencia. Dios está haciendo algo nuevo en este tiempo y hemos sido elegidos para ser testigos poderosos para muchos. El nos ha liberado y nos está preparando para sus propósitos eternos. Y mientras más grande sea la entrega a la voluntad de Dios, más severa será la lucha espiritual.

En nuestro caminar cristiano, cuando cruzamos la línea de la obediencia se encienden las alarmas del infierno. Y en el momento en que cruzamos esa línea hacia una vida de obediencia a Dios y de entrega a Cristo sin condiciones, nos convertimos en una amenaza para el reino de las tinieblas y un blanco de los principados y poderes demoníacos. El testimonio de cada creyente que se entrega al Señor con todo su corazón incluye el repentino ataque por medio de problemas y pruebas extrañas e intensas.

Si has cruzado la línea de la obediencia, entonces estarás provocando olas en el mundo invisible. Hay pruebas y problemas, y también hay luchas. Se trata de un gran ataque satánico que quiere destruirlo todo. Generalmente se comprime en un periodo corto de tiempo pero intenso. Para Pedro duraría unos cuantos días, pero esos días serían los días más horribles, más probados y más arrepentidos de su vida. Ese tiempo sacudió y quitó el orgullo que había derribado a Pedro. La sacudida quitó de su alma estorbos que pudieron haber destruido su testimonio para siempre. Gracias a Dios, la fe de Pedro no falló, y de la misma forma como Jesús oró para que no le faltara la fe (Lc 22,32), así ora por nosotros de la misma manera.

A veces debemos enfrentar el silencio divino, sin escuchar la voz de Dios por un tiempo. Podemos caminar a través de periodos de confusión total sin ninguna guía aparente, con aquella pequeña voz detrás en completo silencio. Quizás no podemos ver el camino y cometemos errores. Decimos: “Oh Dios, ¿qué ha sucedido? ¡No sé por donde ir!”

¿Realmente Dios esconde su rostro a aquellos a los que ama? ¿Es posible que nos deje de su mano por un corto tiempo para enseñarnos confianza y dependencia? La Biblia responde claramente: “Dios dejó solo a Ezequías, para probarle y conocer todo lo que estaba en su corazón” (2 Cr 32,31).

Tal vez estamos pasando por un aluvión de pruebas ahora mismo. Los cielos parecen de bronce. Fallamos repetidamente. Esperamos y esperamos respuestas a nuestra oración. Hay aflicción en nuestra alma. ¡Nada ni nadie puede arreglar esa necesidad en el corazón!

¡Ese es el momento en que debemos decidirnos! No hay por qué reírse o gozarse, porque tal vez no tenga felicidad en este momento. Es más, puede que sólo haya tumulto en el alma. Pero podemos saber que Dios está todavía con nosotros, porque las Escrituras dicen: “El Señor gobierna en el diluvio y se sienta como rey eterno” (Sal 29,10). Pronto escucharás la voz de Dios: “No te aflijas, no tengas pánico. Sólo mantén tus ojos en mí y encomiéndame todas las cosas.” Y sabrás que continúas siendo el objeto del increíble amor de Dios.

Fuente: World Challenge Inc.

lunes, 11 de octubre de 2010

EL SANTO ROSARIO

El Rosario es la oración de María; es la oración que ha venido a pedirnos desde el cielo, porque es el arma que debemos usar en estos tiempos de la gran batalla y el signo de su segura victoria. Su victoria se hará efectiva cuando Satanás, con su potente ejército de todos los espíritus infernales, sea encerrado en su reino de tinieblas y de muerte, de donde no podrá salir jamás para dañar al mundo.

Para esto debe descender del cielo un Ángel al que se le ha dado la llave del abismo y una cadena con la cual atará al gran dragón, a la serpiente antigua, Satanás, con todos sus secuaces. El Ángel es un Espíritu, que es enviado por Dios, para cumplir una misión particular.

María es la Reina de los Ángeles, porque entra en su designio particular el ser enviada por el Señor a realizar la mayor y más importante misión de vencer a Satanás. De hecho, ya desde el principio, fue preanunciada como Aquella que es enemiga de la serpiente. Aquella que lucha contra la serpiente, Aquella que al final le aplastará la cabeza. "Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la Suya. Ella te aplastará la cabeza, mientras tú intentarás morder su talón" (Gen 3,15).

Su descendencia es Cristo. En Él, que ha llevado a cabo la obra de la Redención y nos ha librado de la esclavitud de Satanás, se realiza su completa victoria. Por esto, le es confiada la llave, con la que es posible abrir o cerrar la puerta del abismo. La llave es el signo del poder que tiene quien es dueño y señor de un lugar, que le pertenece. En este sentido, el que posee la llave de todo lo creado es solo el Verbo encarnado, porque por medio de Él todo ha sido creado, y por esto Jesucristo es el Rey y Señor de todo el universo, esto es, del cielo, de la tierra, y del abismo.

Solo Jesús posee la llave del abismo, porque es Él mismo la Llave de David, que abre y nadie puede cerrar, que cierra y nadie puede abrir. Jesús pone esta llave, que representa su divino poder, en la mano de María, porque como Madre suya, medianera entre su Hijo y nosotros le ha sido confiada la misión de vencer a Satanás y a todo su potente ejército del mal.

La cadena, con la que el gran dragón debe ser atado, está formada por la oración hecha con María y por medio de Ella. Esta oración es la del Santo Rosario. Una cadena, en efecto, tiene primero la misión de limitar la acción, después la misión de aprisionar y al final la de anular toda actividad del que es atado con ella.

La cadena del Santo Rosario tiene ante todo la misión de limitar la acción del Adversario. Cada Rosario que recitamos con María, tiene el efecto de restringir la acción del Maligno, de substraer las almas de su maléfico influjo y de dar mayor fuerza a la expansión del bien en la vida de muchos hijos suyos. La cadena del Santo Rosario tiene también el efecto de aprisionar a Satanás, esto es, de hacer impotente su acción y de disminuir y debilitar cada vez más la fuerza de su diabólico poder. Por esto, cada Rosario bien recitado es un duro golpe dado a la potencia del mal, es una parte de su reino que es demolida. La cadena del Santo Rosario obtiene en fin el resultado de hacer a Satanás completamente inofensivo. Su gran poder es destruido.

Comprendamos ahora por qué en estos últimos tiempos de la batalla entre la Mujer vestida del Sol y el gran dragón, Ella nos pide que multipliquemos por todas partes los Cenáculos de oración, con el rezo del Santo Rosario, la meditación de su palabra y nuestra consagración a su Corazón Inmaculado. La humilde y frágil cuerda del Santo Rosario forma la fuerte cadena con la cual hará su prisionero al tenebroso dominador del mundo, al enemigo de Dios y de sus siervos fieles.

Fuente: A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen
 

martes, 5 de octubre de 2010

LA ULTIMA PERSECUCION

El creer que una persecución aguarda a la Iglesia puede actuar como un freno sobre nuestros corazones rebeldes y egoístas, sea que ésta tenga lugar en nuestros días o no. Seguramente, con esta perspectiva por delante, no nos podemos permitir el abandonarnos a pensamientos de facilismo y confort, al deseo de enriquecernos, de instalarnos o de elevarnos en el mundo.

Seguramente, con esta perspectiva por delante, no podemos sino pensar en ser aquello que todos los cristianos son en su verdadera condición (o por lo menos aquello que deberían desear ser, aquello en que deberían fijar su voluntad, si fuesen verdaderos cristianos de corazón), o sea, peregrinos, centinelas aguardando el alba, aguardando la luz, aguzando ansiosamente nuestros ojos para percibir los primeros rayos de la mañana, esperando la venida de Nuestro Señor, Su glorioso advenimiento, cuando Él ponga fin al reinado del pecado y de la maldad, complete el número de Sus elegidos y perfeccione a aquellos que al presente luchan contra la debilidad, mas en sus corazones lo aman y lo obedecen.

¡Quiera Dios que todo esto se realice a su hora, de acuerdo a su infinita misericordia!

¡Quiera Él darnos la perseverancia a lo largo de nuestro éxodo, y la paz a su término!

Fuente: Cuatro sermones sobre el Anticristo (John Henry Newman)
 

viernes, 19 de febrero de 2010

MEJORAR UNA SITUACION ESPIRITUAL IV

La adoración Eucarística es una poderosa manera de mejorar una situación espiritual y de alcanzar liberación y sanación; al menos una hora o media hora semanal ante el Sagrario o ante el Santísimo Expuesto, si es posible.

Adorar es la relación connatural del hombre con Dios, de la criatura inteligente con su Creador. Los hombres y los ángeles deben adorar a Dios. En el cielo, todos, las almas bienaventuradas de los santos y los ángeles, adoran a Dios. Cada vez que adoramos nos unimos al cielo y traemos nuestro pequeño cielo a la tierra. La adoración es el único culto debido solamente a Dios. Cuando Satanás pretendió tentar a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos, todo el poder de este mundo si le adoraba. En su soberbia de locura, pretende la adoración debida solo a Dios. Así le respondió Jesús con la Escritura: "Solo a Dios adorarás y a Él rendirás culto".

La adoración Eucarística es adorar la divina presencia real de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en la Eucaristía. En la Eucaristía adoramos a Dios en Jesucristo, y Dios es Uno y Trino porque en Dios no hay divisiones. Jesucristo es Uno con el Padre y el Espíritu Santo y, como enseña el Concilio de Trento, está verdaderamente, realmente y substancialmente presente en la Eucaristía. La divina Presencia real del Señor es el fundamento primero de la devoción y del culto al Santísimo Sacramento. Este culto de adoración se apoya en una razón seria y sólida, ya que la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento, y se distingue de los demás en que no solo comunica la gracia, sino que encierra de un modo estable al mismo Autor de ella.

La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gracias abundantes y bendiciones. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Cristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros. Adorar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es la respuesta de fe y de amor hacia Aquel que siendo Dios se hizo hombre, hacia nuestro Salvador que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros y que sigue amándonos con amor eterno. Es el reconocimiento de la misericordia y la majestad del Señor, que eligió el Santísimo Sacramento para quedarse con nosotros hasta el fin del mundo.

Quien adora da testimonio de amor, del amor recibido y del amor correspondido, y además da testimonio de su fe. Ante el misterio inefable huelgan palabras, solo silencio adorante, solo presencia que le habla a otra presencia. Solo el ser creado ante el Ser, ante el único Yo soy, de donde viene su vida. Es el estupor de quien sabe que ¡Dios está aquí! ¡Verdaderamente aquí!

Fuente: adoracionperpetua.info

lunes, 15 de febrero de 2010

MEJORAR UNA SITUACION ESPIRITUAL III

La obra de Mons. Ottavio Michelini, Confidencias de Jesús a un Sacerdote, leída sin prejuicios, ilumina acerca de los problemas de la pastoral en la Iglesia y el estado general de los acontecimientos en el mundo de hoy. Señala dos elementos a tener en cuenta: el hecho de encontrarnos inmersos en un fuerte combate espiritual y el fuerte auxilio que proviene del dogma bastante olvidado, en la práctica, de la comunión de los santos.

La intercesión de unos por otros en el ejercicio del don de la comunión de los santos, influye en la vida propia hasta en detalles tan palpables como el caso de estar buscando trabajo y en dificultades espirituales o de relación familiar. Además, es por caridad y por tanto necesario el orar por nuestros antepasados. Necesario cuando, por el propio comportamiento, uno ha sido obstáculo con el mal ejemplo o el escándalo para el ejercicio de la virtud de personas que han convivido con nosotros. Por caridad, porque les debemos inmediata o mediatamente la vida y la educación en la fe cristiana.

El P. Robert De Grandis expone estas cosas en un pequeño libro publicado por SERECA, Sanación Intergeneracional. En la Escritura se dice varias veces que recibimos el bien pero también el mal, y esto último necesita sanación. Por citar un par de ejemplos, habla el libro sobre aquel paso del Señor delante de Moisés: "Él mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación" (Ex 34,7). Y hablando de no cometer idolatría adorando dioses falsos: "No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandatos" (Dt 5,9-10).

Es curioso que tendemos a pensar que es bueno rezar por los que eran buenos y agradables de trato, y ahí se vuelca la gente en los funerales, sin saber que todos los que mueren, si no es a excepción de los que mueran en pecado grave y sin arrepentimiento, dejan su mal carácter o menor simpatía allí encerrados bajo tierra. Mientras, nos miran con amor y arrepentimiento de habernos causado alguna molestia y están deseando que tengamos con ellos algún detalle de oración o recuerdo, para poder tener permiso de intervenir con su poderosa intercesión en favor nuestro y de nuestros descendientes que lo son también suyos.

Si cuatro generaciones cuentan con 30 antepasados, un modo de llevar a la práctica esta oración de protección por los antepasados puede ser, por ejemplo, ofrecer la Comunión cada día de un mes por el alma de uno de ellos aunque no sepas su nombre, porque ellos sí lo saben y te agredecen mucho esa oración y tienen poder para convertir las personas y conseguir que cambien las circunstancias. Cada vez que vas a comulgar le dices al familiar: Te ofrezco esta Comunión y si te marchaste sin perdonar, yo perdono hoy en tu nombre. Ten en cuenta que si has empezado por el padre (nº1) y has seguido por la madre (nº2), cada número impar será un hombre (abuelo, bisabuelo, tatarabuelo) y cada número par será una mujer (abuela, bisabuela, tatarabuela).

Hay muchos testimonios de la misericordia de Dios y el poder que otorga a nuestros antepasados por el cuidado que desean tener de nosotros, si en uso de nuestra libertad les damos permiso para intervenir en nuestro favor, orando por ellos o pidiendo su intercesión. La misión de los padres confiada por Dios en relación con sus hijos no termina con la muerte. El dogma de la comunión de los santos es una profunda realidad, pero hay que vivirla. "Hay muchas almas que se pierden porque no hay quien rece y se sacrifique por ellas" es el lamento de la Virgen de Fátima y es un reproche porque no vivimos este dogma y estos medios que el Señor ha puesto a nuestra disposición.

Fuente: Seis acciones complementarias para mejorar una situación espiritual

martes, 9 de febrero de 2010

MEJORAR UNA SITUACION ESPIRITUAL II

La siguiente acción puede ser combatir específicamente a los enemigos que invisiblemente rodean a las personas en dificultades, haciéndoles caer en trampas o restándoles ánimos y presionando hasta la desesperación.

Cuando un grupo de jesuitas se ordenaron poco antes del Concilio, había en la Iglesia entera medio millón de sacerdotes. Todos ellos al acabar cada Misa, tanto a diario en privado o con público y aún el mismo Domingo, se arrodillaban delante del altar con todo el pueblo que asistía, para responder a las dos oraciones en latín pidiendo por la Santa Iglesia. Al pasar la Misa del latín a las lenguas de cada país, se suprimieron esas oraciones que había mandado el Papa León XIII. Por eso, ahora cada uno hemos de colaborar en la defensa de nuestra fe y la de los de nuestra familia, de todo el país y toda la Iglesia. Además de la oración de Bendición o Exorcismo del Papa León XIII, hay otras más sencillas como la oración a la Reina de los Ángeles.

En cuanto al Exorcismo privado, cada uno puede y debería utilizarlo y recitarlo sobre sí mismo y otros (también en la distancia) usando la señal de la cruz y agua bendita, particularmente en tiempos de graves tentaciones, de pruebas y tribulaciones, de confusión y ofuscación, en momentos de abatimiento y desesperación, al tratar asuntos importantes o al tomar graves decisiones, frente a personas hostiles y especialmente cerca de la cama de los enfermos o moribundos: En el nombre de Jesús, María y José, yo os mando, espíritus malignos, dejarnos y salir de este lugar; no os atreváis a volver a tentarnos y hacernos nuevamente daño. ¡Jesús!, ¡María!, ¡José! (tres veces). San Miguel, defiéndenos. Santos Ángeles de la Guarda, protegednos contra toda maldad del diablo.

Bendición: ¡La bendición del Padre, el amor del Hijo y la virtud del Espíritu Santo, la protección maternal de la Reina del Cielo, los méritos de San José, la ayuda de los Ángeles y la intercesión de todos los Santos estén con nosotros y nos acompañen siempre y por todas partes! Amén.

Fuente: Seis acciones complementarias para mejorar una situación espiritual

viernes, 5 de febrero de 2010

MEJORAR UNA SITUACION ESPIRITUAL I

La oración del Santo Rosario rodea la familia o la persona de una protección especial diaria contra todo poder contrario y muy en especial en sus efectos cuando se reza en común, aunque no sean familia. Dos personas bastan, como dice el Evangelio: "Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,19-20).

Un hecho observado por dos sacerdotes que oraban juntos el Rosario una vez por semana, fue la influencia decisiva que tuvo el perseverar en ofrecer uno de los misterios por una intención particular. Al cabo de un año de haberlo seguido ofreciendo, la gracia solicitada se había cumplido. Y esto siguió sucediendo durante 5 años seguidos. Ahora bien, descontando la interrupción por las ausencias veraniegas, el número de 52 semanas que tiene al año, venía a concretarse en el conocido número bíblico de 40. Comprobaron que 40 misterios ofrecidos con fe y en común para obtener aquella bendición, de hecho habían obtenido la concesión de lo pedido, aunque resultara imposible por otros medios. Las intenciones pedidas fueron cumplidas invariablemente las 5 veces.

Lo que pueden hacer dos religiosos que coinciden a determinada hora un día por semana, lo tienen más a su alcance las familias cristianas que no basan dicho nombre en el solo hecho de cumplir el precepto dominical, sino también en no descuidar su deber de orar juntos los que se unieron en el nombre de Dios ante un altar, para proteger la fe y la convivencia de los componentes de su familia, incluidos los más jóvenes, expuestos a toda clase de influencias disgregantes.

Viene a ser como la protección de una red defensiva invisible pero auténtica que no pueden cruzar impunemente los enemigos... ¡y luego hay quienes se quejan de que un hijo se les metió en la droga...!

Al perder la expresión de la fe en familia por medio de la oración en común, se pierde el resorte espiritual que une y suaviza las relaciones, y por el contrario se genera la división. Es la oración COMUN la que da fuerza para CONVIVIR... Por otro lado, la actual generación, mientras los hijos se forman en la infancia, y sobre todo en la adolescencia, en los últimos 30 años no ha tenido jamás ocasión de experimentar la presencia y cercanía de Dios en la familia al ver orar a sus padres ni participar en la oración con ellos. Y esto es lo que está pasando con España y demás países de Europa que decimos cristianos, donde en el mejor de los casos, los padres acuden a la Misa dominical, deplorando que no se explican cómo a los hijos jóvenes no siempre consiguen inculcarles dicho deber, con la consiguiente falta de vocaciones, extensión del divorcio y anulaciones, uso de anticonceptivos y aún abortos y en definitiva, el creciente número de agnósticos y enfriamiento general de la fe entre los que se dicen cristianos de toda la vida.

Desde el año 1972 Nuestra Señora había pedido en Fátima a un sacerdote religioso paulista de Milán, el P. Gobbi, que formara un Movimiento Sacerdotal Mariano, reuniéndose inicialmente con algunos pocos sacerdotes. Pronto, dicho movimiento fue agrupando miles de sacerdotes en todos los continentes hasta rebasar con mucho el número de los cien mil. Y se pudo observar entonces que en los sitios donde se implantaron los Cenáculos de Nuestra Señora, las familias se han unido y han conservado la fe. Se ha visto que los Cenáculos de Nuestra Señora tienen que ver con la urgente Nueva Evangelización.

En muchos hogares que se dicen cristianos hay imágenes sagradas en las habitaciones (la Cruz, una Virgen, el Sagrado Corazón, etc.). Por el contrario, ningún símbolo de oración en la sala o cuarto de estar; como única imagen entronizada, el dios de este siglo: la televisión. Preguntando en uno de esos hogares: "¿Ya rezan ustedes algo juntos?", nos encontramos con una respuesta en un tono muy seguro: "No, ¡eso cada uno por su lado!". ¡Este es el cáncer de Europa! Aquí descubrimos una pista sobre la crisis de fe en la sociedad actual.

Los Cenáculos del Movimiento Sacerdotal Mariano no tienen nada de excepcional, a primera vista. Además de las meditaciones, se puede orar en común la Liturgia de las Horas y el Santo Rosario. Pero en ellos se aprecia claramente que esta es la medicina para curar ese "cáncer" de nuestros días; tanto para los sacerdotes, para estar unidos con la jerarquía y con el Papa, como para devolver el espíritu a los institutos de religiosos o religiosas, y renovar la fe y la unidad en las familias.

Aparte de celebrar un Cenáculo mensual en las iglesias, un objetivo principal que señala la Virgen en su libro es repetirlo en familia con mayor frecuencia. Tiene un esquema sencillo: 1) Invocación al Espíritu Santo, 2) Rezo del Santo Rosario, 3) Lectura de un Mensaje del libro del P. Gobbi, 4) Consagración al Corazón Inmaculado de María. Lo que pide la Virgen: Multiplicad los Cenáculos: familiares, de sacerdotes, de jóvenes y aún de niños. El instrumento es el libro de sus Mensajes, que se puede solicitar junto con un folleto sobre cómo hacer el Cenáculo (página web).

En estos años se ha comprobado que donde un grupo tiene Cenáculo semanal, esto ha contribuido poderosamente a unir la familia que lo organiza y otras, y a guardar en ellos la fe. Esa oración semanal sencilla y comunitaria les ha hecho salir de situaciones contrarias a nuestra fe cristiana y moral natural. Sigamos la iniciativa del Espíritu Santo para los cristianos de estos tiempos y que el Señor y su Madre bendigan estas actividades, guiándonos Ella a ser fieles a Cristo nuestro Señor y Dueño en alabanza y gloria a Dios.

Fuente: Seis acciones complementarias para mejorar una situación espiritual

jueves, 15 de octubre de 2009

VIGILAD Y ORAD

El Verbo Eterno de Dios hecho Carne, respondió a la acción de Satanás con un acto de humildad, primero lavando los pies de sus Apóstoles y luego instituyendo el Sacramento de la Eucaristía. A la desmedida soberbia de Satanás ha dado una respuesta de infinita humildad y la sigue dando todavía a los nuevos Judas que se suceden a través de los siglos.

Dio a sus Apóstoles una preciosa enseñanza para no caer en las insidias y trampas de Satanás: "Vigilad y orad para no caer en tentación" (Mt 26,41). Con su comunión sacrílega, Judas concretó en sí las palabras: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre indignamente, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11,27). Tremendas palabras que tienen su cumplimiento en el alma de aquellos sacerdotes que concluyen mal su prueba en la tierra.

Satanás tentó a los Apóstoles que estaban junto al Señor , y los doblegó a su querer, porque no hicieron un tesoro de sus palabras: "Vigilad y orad", que les dirigió para advertirles y prepararles contra la tentación del Enemigo. El demonio hizo buen juego con los Apóstoles que en Getsemaní huyeron vilmente; entre los doce, uno le traicionó y otro renegó de Él jurando que nunca le había conocido.

Satanás no perdonó a ninguno, ni siquiera a la Madre, cuyo ánimo insidió con la duda sobre la Resurrección; pero no pudo hacer ni el más pequeño rasguño al Alma Inmaculada de María, Templo resplandeciente del Espíritu Santo. Pocos son los que, aun siendo tentados, quedan inmunes a la acción corrosiva del demonio. Aun los buenos discípulos de Emaús y tantos otros amigos del Señor tampoco fueron excluídos de la tentación y cedieron al descorazonamiento. La nefasta obra de Satanás desde la caída del hombre no ha sufrido mengua y no la tendrá hasta la consumación de los tiempos, cuando también él será juzgado por segunda vez con todas sus legiones.

La historia de la Iglesia y de la humanidad está constituida esencialmente por la creación y caída de los Angeles, por la creación y caída de toda la humanidad en Adán y Eva, por el Misterio de la Redención y por el Misterio de la Iglesia salida del Corazón abierto de Cristo, Verbo Eterno. El árbol de la vida, que tiene sus raíces en Dios, ha sido envenenado por Satanás.

Dios es la única, grande y omnipotente Realidad que domina la vida, la muerte, el tiempo y el espacio, el cielo y la tierra. Satanás, aun estando distanciado de Dios por un abismo insalvable, por lo que jamás podrá nada contra Dios, desfoga su poder, grande pero limitado y lleno de oscuridad, contra la humanidad entera de la que logró adueñarse en Adán y Eva, y que Dios volvió a arrancar desde el primer día con el anuncio hecho a los primeros padres, después de su confesión, del Misterio de su Encarnación.

Estas realidades los hombres las han olvidado. En la Iglesia no se ven éstas con la claridad necesaria para el planteamiento sobre bases sólidas, de una pastoral eficaz para bien de las almas. Trabajan en vacío todos aquellos Obispos y Sacerdotes que no tienen ideas claras ni convicciones sólidas de esta realidad de la que las Sagradas Escrituras, antiguas y nuevas, hablan continuamente. No creer esto firmemente quiere decir desviar tesoros irrecuperables de tiempo, de fatigas, de energías, de estudios, de sobrenatural, hacia un terreno infecundo donde todo se pudre. Imaginemos las consecuencias que se derivan de desviar un río de su cauce natural, sobre un terreno formado por alturas y depresiones: se forman estancamientos en los que las aguas se corrompen, se saturan de miasmas, y se hacen portadoras de infecciones y enfermedades.

Así es ahora la Iglesia. Esta crisis de fe que tiene sus raíces en la soberbia y la presunción, ha oscurecido las grandes realidades, claras aguas de manantial, haciendo desviarse el río de luz y de verdad de las Escrituras y de la Tradición de su cauce natural a riachuelos de aguas pútridas. Dios es obrador de bien, de luz, de verdad, de justicia y de paz; Satanás es obrador del mal. He aquí el origen de la historia que abarca cielo y tierra, que abarca a la humanidad.

¿Qué piensan de ello los Pastores de almas? Si suprimís esta realidad de la mente y de los corazones de los hombres, ¿qué va a ser de los hombres? ¿Se puede pensar en anular esta realidad sin contradecir y minar desde su base la esencia de la historia humana? Piensen los Pastores de almas y mediten en serio, porque es desde aquí, desde la raíz, desde donde se debe curar el mal.

Fuente: Confidencias de Jesús a un Sacerdote

lunes, 10 de agosto de 2009

LA GRAN BATALLA

Hay una guerra que no terminará hasta el fin de los tiempos. La batalla más grande se combate entre los Angeles fieles a Dios y los Angeles rebeldes a Dios; los primeros encabezados por el Arcángel San Miguel y los segundos por Lucifer, el terrible dragón del Apocalipsis. Es Satanás, la antigua Serpiente que insidió a los primeros padres induciéndoles por el orgullo a la desobediencia.

Esta es la terrible realidad de la que el mundo se ríe estúpidamente mientras sufre su acción mortífera hecha de tiranía, oscuridad y sufrimientos. El reino de Satanás es el reino de las tinieblas, es el reino del mal, de todos los males, porque los males de cualquier naturaleza manan de él como de fuente de toda iniquidad. La batalla que se combatió en el Cielo en la presencia de Dios fue una inmensa batalla de Inteligencias, que determinó para la eternidad el futuro destino de los ángeles y de los hombres. Fue un hecho histórico de primera importancia que abarcaría cielo y tierra. ¡La historia de la humanidad está ligada y condicionada a este suceso, digan lo que digan o piensen los hombres! Las Santas Escrituras, las afirmaciones de los Padres y de los Doctores de la Iglesia dan claro testimonio de ello.

Los particulares momentos que vivimos y el inmediato futuro que nos espera nos harán creer en la intervención de las milicias celestes, bien sea por una peculiar presencia de la Providencia divina que gobierna al mundo, o bien, por la gravedad de los acontecimientos que pondrán de manifiesto la presencia del perturbador del orden establecido por Dios, como el Papa Pablo VI con valor nos ha dicho: "el racionalismo primero, el materialismo ahora, han hecho de todo para poner en descrédito el hecho más importante del cielo y de la tierra sin el cual ninguna explicación es aceptable".

La presencia no solo de Dios, sino también de Satanás en la historia y en la Iglesia, con los hechos que lo comprueban, choca terriblemente con la pueril tentativa de los enemigos de Ella para minimizar e incluso negar la límpida realidad. Con tristeza y con dolor se debe constatar hoy que no solo los tradicionales enemigos de Dios y de su Iglesia niegan la presencia, junto a los hombres, de seres de naturaleza diversa de la humana, sino que hasta cristianos y ministros de Dios son escépticos e incrédulos, con grave daño para ellos en lo personal y gravísimo daño social. El Enemigo del hombre ha conseguido narcotizar muchas almas y muchos corazones, así queda menos contrastado su radio de acción. Por desgracia en la Iglesia, aún a los que afirman creer les falta luego la más elemental coherencia con la fe que afirman poseer.

¿Se puede permanecer pasivos, o casi, frente a la acción de un enemigo furiosamente activo que no carece ni de inteligencia ni de potencia para combatir a las almas a las que odia y quiere atropellar y perder? Razonablemente se diría que no, pero por desgracia la realidad es bien diferente: indiferencia y escepticismo se encuentran incluso en aquellos que, por razón de su estado, por el fin primordial de su vocación y por coherencia con la fe deben, no solo sostenerla, sino defenderla y difundirla, y en cambio permanecen inertes. Se han atrofiado en acciones secundarias y ciertamente no aptas para confinar y limitar la tremenda obra devastadora de Satanás y de su iglesia.

¿Cómo se explican ciertas lagunas, que han abierto pavorosas brechas al Enemigo? Así, por ejemplo, de improviso se anulan cada día medio millón de exorcismos que un gran Pontífice había establecido con intuición profética para este nuestro siglo, para combatir a Satanás y a sus legiones... Se refiere a la oración a la Madre del Señor y nuestra, y a San Miguel que se recitaban al final de la Santa Misa. ¿Con qué se ha pensado sustituir tan importantísima disposición tomada por un Vicario de Cristo y confirmada por tantos santos Sucesores suyos? ¡Con ninguna medida!

Los últimos Papas han sido grandes luchadores contra los varios movimientos de ofensiva que, como columnas que el Enemigo hacía avanzar en varias direcciones, apuntaban a la Iglesia para denigrarla y resquebrajarla. Satanás buscaba destruirla y la acción más solapada la realizaba en el interior mismo de la Iglesia (modernismo, horizontalismo, permisivismo). Mientras el asedio externo se hacía cada vez más estrecho y directo (racionalismo, positivismo, masonería, socialismo, marxismo, etc.), él buscaba abatir las estructuras capaces de resistencia.

Los Pastores de almas no advirtieron el desequilibrio que se estaba verificando en la Iglesia. No se las ingeniaron, salvo excepciones, para remediar con otros medios más adecuados a la evolución de los tiempos. La Iglesia quedó como una fortaleza desguarnecida y desarmada. El grito de alarma lanzado por los Papas no siempre encontró aquella pronta y diligente colaboración que habría frenado e incluso detenido la acción del Enemigo. El Papa Leon XIII, que vislumbró este gran peligro, no dejó de componer un Exorcismo que pudiera ser utilizado por todos, Sacerdotes y simples fieles, para detener el avance enemigo; sin embargo, fueron poquísimos los que sacaron provecho de él y la mayoría no comprendió.

No habríamos llegado al estado actual; no tendríamos hoy cristianos que no saben ni siquiera que están enrolados en un gran ejército, cuyo objeto es desbaratar el temible enemigo de nuestras almas, que no deja nada con tal de desviarnos al camino de la perdición eterna. Para libertar a la Iglesia y a sus hijos de la tiranía cada vez más descarada del Enemigo, ¡es necesario sublevarse y correr a los refugios sin demora! Para aliviar tantos sufrimientos causados por el dominio de Satanás sobre las almas, es necesario organizarse sin perder tiempo, actuar con humildad y con una fe tenaz. Usemos las indicaciones que la Virgen, Madre de Dios y nuestra, nos ha dado en Fátima, en Lourdes y en tantísimos otros lugares: ¡Oración y Penitencia! Se necesita más oración y penitencia consciente.

Debemos organizarnos para este fin bien preciso: para que el Corazón Misericordioso de Cristo y el Corazón Inmaculado de su Madre apresuren el triunfo final de esta inmensa lucha, de esta gigantesca batalla en la que Vida y muerte, Luz y tinieblas, Verdad y error están frente a frente en una batalla decisiva.

Fuente: Confidencias de Jesús a un Sacerdote

martes, 24 de marzo de 2009

EL HUMO DEL INFIERNO

El 13 de octubre de 1884, el Papa Leon XIII experimentó una horrible visión después de celebrar la Eucaristía. En la capilla privada del Vaticano se detuvo junto al altar, con una expresión de horror y gran impacto en su rostro.

Después compartió las imágenes tan terribles que se le había permitido ver: "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." Comprendió el Papa la gran importancia que tendría en esta lucha el Arcángel San Miguel (Dn 12,1), ya que era el encargado de lanzar y encadenar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno (Ap 20,1-3;10).

A continuación, el Papa ordenó que se enviara a todos los obispos del mundo una oración compuesta por él mismo, en la que se invocaba la protección del Arcángel sobre el Pueblo de Dios, para que se rezara después de cada Misa.

Años más tarde, el Papa Pablo VI diría: "El humo del infierno ha entrado en mi Iglesia". El humo lleva oscuridad, el humo mancha, el humo impide ver porque en medio del humo los ojos arden y se necesita cerrarlos aún en contra de la voluntad. Por este humo, muchos pastores de almas y sacerdotes no ven, no comprenden el mar de confusión y contradicciones en el que viven. Esto quería Satanás, esto ha logrado su acción malvada.

El Cuerpo Místico de Cristo está envuelto en sombras oscuras por la gran crisis de fe que lo acecha. De entre aquellos que debieran vigilar, demasiados duermen y no están al frente como centinelas vigilantes. Han olvidado las palabras de Cristo dirigidas a Pedro: "Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16,18). En las últimas palabras está claramente indicada la tremenda lucha, el choque contínuo, el combate inevitable de las oscuras y misteriosas potencias del mal contra las potencias del bien.

La fe no es producto del hombre, sino un gran don de Dios; fruto precioso de la Redención que brota del Corazón misericordioso del Verbo encarnado. Él es la luz que brilla en las tinieblas y que vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron (Jn 1,11). La Vida divina puede crecer y desarrollarse, se puede debilitar y apagarse. Es necesario abrir los ojos y mantener nuestras lámparas encendidas por medio de la única renovación posible; una verdadera y auténtica conversión que pasa inexorablemente por la humildad, fundamento de todas las demás virtudes.

La Iglesia de Jesucristo necesita hoy auténticos profetas que estén listos para comunicar al Pueblo de Dios lo que necesita saber; y nadie duda que todos necesitamos escuchar, más de una vez, severas advertencias y amonestaciones que nos ayuden a despertar para salir de nuestro letargo espiritual. Resulta bien comprensible, pero quizás nada saludable, que al Pueblo de Dios no le guste oir ciertas cosas. Tampoco al Pueblo de Israel, en tiempos de Jeremías, le gustaba nada la insistencia de aquel "profeta de desgracias"; prefería mucho más los simpáticos vaticinadores del mejor porvenir... Pero todos conocemos lo sucedido.

martes, 17 de marzo de 2009

BATALLA ESPIRITUAL

Nacimos en una batalla y por eso debemos luchar; está más allá de lo visible: dos reinos en guerra sin par. Comenzó hace mucho tiempo en el jardín del Edén; sin embargo, lo más doloroso permanece oculto porque hay mucha guerra que no se ve en la tierra.

Los demonios han salido del infierno y cubren la tierra; su suprema aspiración es entrar en el alma y en el cuerpo del hombre para oscurecerlo, extraviarlo y dominarlo para, finalmente, arrastrarlo a la perdición eterna. Es solo así como realizan por completo su odio a Dios y a la humanidad. Si los hombres, y en particular los cristianos, no tienen clara conciencia de esta tremenda realidad, del gran peligro que constituyen para ellos estas malvadas potencias, se arriesgan a la condenación eterna.

Me impresiona mucho la ingenuidad de aquellas personas que ya no dan crédito alguno a la existencia del diablo, considerando que él y los espíritus malignos no son más que resabios de la época medieval y meros símbolos populares del mal. La candidez de las personas que hacen caso omiso de la acción de Satanás puede resultar peligrosa; van a la guerra sin armas y sin saber siquiera de la existencia del enemigo.

"Nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal"
(Ef 6,12). Así que también nosotros, siguiendo el consejo de San Pablo, "revistámonos de toda la armadura de Dios, para poder resistir a los engaños del diablo" (Ef 6,11).

Después de ordenar que nos vistamos con la armadura que Dios ha provisto, el apóstol escribe: "Siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos" (Ef 6,18).

Los cristianos debemos permanecer unidos a Cristo en la Iglesia y acoger la Palabra de Dios, que "tiene vida y poder" (Heb 4,12) para nuestras vidas y para nuestro tiempo. Debemos ser guardianes de nuestros hermanos y no dejarnos engañar de ninguna manera, ya que el enemigo que se levanta contra Dios llega incluso a instalar su trono en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios (2 Tes 2,3-4). Llega el tiempo en que aquellos creyentes que nunca han estado muy cerca del Señor, pueden llegar a estar muy cerca del diablo. La solución que Dios ofrece al mundo es una y se llama Iglesia, la Iglesia de Jesucristo que debe caminar en los inicios del tercer milenio sin condescender con este mundo, porque el amor a este mundo es enemistad con Dios (Sant 4,4).

En medio de esta batalla espiritual, estamos llamados a ser un resto fiel para Dios que persevere hasta el final. Hagamos nuestra la victoria que Cristo nos da porque la guerra está aquí y hay que luchar.

¡Ve al frente oh Dios! Levanta tu voz y ármanos con tu Verdad.

jueves, 12 de marzo de 2009

LUZ EN LA OSCURIDAD

Las tinieblas tienen muchos rostros y el peor de ellos se presenta imitando el aspecto de la luz.

Si el Tentador consigue pasar inadvertido disfrazándose de ángel de luz, tan sutil, inocente e indefinible, que pocos reconozcan lo que les está ocurriendo, podrá ir consiguiendo su propósito de apartarnos de Cristo y de su Iglesia. De esta manera, nuestra comunión con el Señor se va debilitando y Jesucristo deja de ser el centro de nuestra vida entera; por consiguiente, dejamos de ajustar nuestra vida al Evangelio y acabamos siempre ajustando el Evangelio a nuestras vidas. Sucede, entonces, que las personas se acomodan a nuevos vientos de doctrina y empiezan a poner en tela de juicio las ideas, valores o principios que sustentan su vida y su fe.

Hoy más que nunca, el Espíritu nos urge a estar unidos a Cristo, a su propio Cuerpo que es la Iglesia, porque significará la posibilidad de perseverar hasta el final (Mt 10,22). Permanecer unidos a Cristo implica ser fieles a sus enseñanzas (Jn 15,7) y mantenernos en su Palabra para ser verdaderamente sus discípulos (Jn 8,31); así como recibir con docilidad las enseñanzas y directrices que nuestros pastores, en comunión con el Papa, nos dan de diferentes formas, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: "El que a vosotros escucha, a mí me escucha" (Lc 10,16).

Que todos los verdaderos cristianos vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltarán a la Iglesia. Esta Iglesia del tercer milenio está llamada a regresar al Cenáculo en oración, con María, promoviendo la vida en el Espíritu Santo para que nada ni nadie logren apagar el fuego que la mantiene encendida como luz del mundo (Mt 5,14).

¡Pueblo de Dios, no tengas miedo ni te acobardes, Yo te revisto de autoridad para ser mi profeta y predicar mi Palabra, y en el mundo el baluarte edificar!